viernes, 19 de octubre de 2007

LA LLAMADA...a ANTONIO BURGOS

No está lejos la calle San Gregorio del Arenal, lirio azul como el color del cielo aquella noche que apuntaba primavera. Cuando sonó el teléfono en su hogar señalado por la gloria futura, se estremecieron los jazmines de las tapias que dan a Marqués de Luca de Tena. Era el perfume precoz de un eterno azahar que brotaba por unanimidad. La llamada no pudo ser más certera, le dió de pleno al mismo corazón oyente de Sevilla. Un honor para todos los lectores, una satisfacción allende a la justicia. El pregonero llega, cuando las sirenas habían ahogado sus cantos en las plácidas aguas de la madurez de un oficio, lujo aprendido a base de columnas escritas con capiteles corintios. La ciudad que sabe callejear por los dormidos rincones, desde el Real de la Carretería hasta los Teatinos, está de enhora buena. Niños no priveis de la libertad a los bencejos, que Don Antonio, sabe sobrevolar como ellos de alto, en su justa medida, acariciando las ramas de los plataneros de San Lorenzo...soñad, soñad, despiertos, mientras siembra emociones para el Domingo esperado con verdadera Pasión. Alguien recibirá una llamada que le cambiará sustancialmente la vida a la sevillana forma de entenderla. Alguien recibirá esa llamada que responde a la pregunta que todos los cofrades nos hacemos y todos esperamos conocer de aquí al próximo sábado. Ese alguien hasta ahora desconocido, romperá los pronósticos de todas nuestras piadosas quinielas, sembrando expectativas o desilusión en los que apostamos a los dos nombres que empiezan con la A de Antonio y apellido con B de buenos. Quien quiera que sea ese Alguien que ya se baraja en la clandestinidad de la calle San Gregorio, escrito su nombre a puño y letra sobre la mesa de los ponentes, seguro estará disfrutando en la intimidad de estos días, luminosos y radiantes en los que un fingido otoño nos prolonga calores de membrillo, parodiando los honores de la eterna primavera de Sevilla. Todos los años por estas fechas, se presiente que alguien está pendiente de esa llamada, incluso cuando mira al teléfono le recorren escalofríos por todo su cuerpo, es toda una leyenda urbana del capillismo hispalense que estalla en infundados rumores. Las malas lenguas apuntan que hay hasta quien tiene escrito el Pregón y todos los años lo acrecienta y lo enriquece, acuñándolo en su corazón como la joya de una edición limitada. Hay quien habla de eternos ignorados, de ilustres proscritos, que quedaron a las puertas de esa efímera gloria, privándonos del verso y la flor de su contrastado prestigio, por causa de sus maneras y pensamientos tan católicamente incorrectos ante los ojos inquisidores de Palacio. Lo grande es que Sevilla, siempre espera esa llamada tan ilusionante para su calendario, como inesperada para el que la recibe, pues se quiera creer o nó, incluyendo la remota posibilidad de estar pactada, es a partir de esa inapelable llamada, cuando un nombre por más ilustre, distinguido, entrañable, admirado, o simplemente inédito, se convierte en el HOMBRE, sobre el que recae todo el peso y la responsabilidad incontestable de pronunciar el Pregón de la Semana Santa de Sevilla y ese Alguien ya no será el mismo para siempre.

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