PAPA NOÉS

La idea era tan sencilla que resultó difícil creer que tuviera tanto éxito. Surgió desde la sencillez con que piensan las gentes de pueblo con su cura al frente por una noble causa. Mira tú por donde en la vecina localidad de Los Palacios ha empezado, sin intimidación alguna, la más feliz y pacífica ofensiva contra aquel personaje navideño importado que se nos colaba hasta nuestros hogares, escalando las terrazas y ventanas como un caco. Caco rechoncho con uniforme rojo y luengas barbas, que podía engañar a los niños anticipándose a los Magos de Oriente, pero que siempre terminaba vencido en Enero por nuestras Majestades los Reyes. Papá Noés, nunca lo ha sido –menos aquí- donde la blanca Navidad no viene con nieve de Hooliwood envuelta en las superproducciones que se estrenan en las mejores salas de Cine. Ese Santa mal sonante embaucador con su jo-jo-jo, no tiene nada que hacer con sus campanitas de remo, ante el cántaro y la alpargata, la pandereta y el almirez de los campanilleros de Bormujos. Y se le tiene que caer la cara de vergüenza cuando tras los cristales de nuestras casas, descubre al Niño Manué, cuya sonrisa es la más pura y auténtica consumación de la Navidad. Por eso a este cura del pueblo de Los Palacios que ha puesto en marcha la brillante idea que todos habíamos pensado alguna vez, yo le aplaudo con todas mis fuerzas y en su honor que es el de los cristianos, devotos y belenistas del auténtico protagonista de estas próximas Fiestas, colgaré en mi terraza, la bandera que ha tenido a bien promocionar con la imagen del Niño, el Niño que siempre fuimos, el niño que cada Diciembre esperamos para adorarlo al compás de Villancicos y aroma a turrón y alfajores.

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