sábado, 15 de diciembre de 2007

PAZ Y BIEN PARA TODOS

La Esperanza tiene las puertas abiertas, no cuesta dinero entrar a verla, no hay fuerza moral ni física que te impida estar a su altura, mirarte en sus ojos y respirar su hálito bendito. La Esperanza de los pobres y los ricos, de los desheredados es gratis en Sevilla, nos hace iguales siendo tan diferentes, nos enfila en una misma gracia, haciendo colas en busca de tantas intenciones. La vida es muy complicada, la Esperanza sin embargo es palabra de Madre sencilla que nos llevó de la mano a verla en vísperas de Pascua. Si las brumas de la tristeza, te impiden ver el manto azul de la Inmaculada fantasía, acuérdate de aquel niño e intenta recordar el viejo nacimiento que vistes poner en tu casa…¿te acuerdas?...sí hombre, verás como tienes que acordarte del olor a corcho cuando pases por la calle José Gestoso…haz memoria de aquellas figuritas de barro expuestas en los escaparates…las veces que te quedabas atónito frente al aparador, contemplado aquel Portal con sus caminitos de serrín, la cañada por donde bajaban los Reyes del Castillo de Herodes, el río de papel de plata, la estrella de purpurina, el musgo, la paja. Cuando al Belén de tu tierna infancia se le fundan sus humildes luces de colores por causa de la descarga vertiginosa de reclamo de consumo, vete al encuentro de la Esperanza por los caños de Carmona hasta San Roque, cruza la Ronda de la Trinidad, pasa bajo el Arco, atraviesa el río, que no te pierdan los cantos de sirena, el mundo aunque persista en su afán de no dar, por lo menos te muestra sus mejores deseos. Agarrate a la Esperanza, que es gratis por ser lo último que se pierde. Tuyo afectísimo, ojival.

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