miércoles, 14 de mayo de 2008

EN MEMORIA

Dicen que te querías morir en el Rocío y la Virgen lo escuchó. Dicen que este pasado Lunes de Pentecostés, cuando la Blanca Paloma revoloteaba por la aldea en pleno frenesí de sus devotos, al clarear la mañana, como si de una añeja estampa se escapase, te llevó a las marismas azules que se encuentran en el cielo. Ya ves que delgada es la línea que separa la emoción del dolor y que estrecho el lazo negro que distingue el luto de la alegría. El sentimiento es mutuo pero las lágrimas son diferentes porque tú arrancastes el lirio marismeño cuando te miró la Virgen para llevarte con Ella y tu hermano Manuel y sobrinos derramaron el llanto de la amargura como se deshojan las flores de la jacaranda alfombrando Sevilla de morado tapiz. Dicen que tu Cristo del Amor, te prestó su expresión más dulce y serena, aquella que te enseñó el cofrade ejemplar que fue tu padre, que tu hermano Paco te esperaba en el umbral de la Blanca Ermita para rezar el eterno ángelus, antes de coger la manigueta del féretro que te trasladó a San Esteban por última vez. Amaneció el Martes y trece gris y tormentoso como un presagio del duelo que te traía de vuelta a casa, rebosaban las buganvillas de la tapia del palacio de la calle imperial –tu camino de ida ya sin retorno- el rostro del Señor de la ventana lucía su sexta lágrima, la que tiene reservada para los que ya pueden ver la luz de su rostro,la Madre de todos nuestros dolores, ataviada de radiante Mayo, volvía su mirada a todos los Desamparados que te decíamos adiós llenando las naves del Templo como si fuera un Martes Santo diseñado solo para ti. Dicen que a quien Dios no le dá hijos, le dá sobrinos, los mismos y bien nacidos que te sacaron a hombros –sobre los piés- como los buenos costaleros de San Esteban por la ojiva hasta las marismas. Descanse en PAZ, Reyes Hernaez. Que falleció en el Rocío al clarear la mañana del Lunes de Pentecostés.

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