martes, 26 de agosto de 2008

MI GRAN PODER DE BARRO

Araceli sabía que me gustaba mucho las estampitas de santos. Me observaba a menudo, cuando jugaba en el corredor de geraneos a los pasistos con mi caja de zapatos y una estampa recortada entre cuatro velitas de cumpleaños. Araceli la de los cuatro hermosos balcones a la calle Enladrillada, tenía una pequeña imagen de unos 30 cms del Señor del Gran Poder vaciada en barro -algo vasta en lo que respecta a sus manos abrazadas a la cruz- que guardaa sinembargo una más que digna fidelidad en cuanto a, rasgos en sus hechuras a escala, del portentoso nazareno. Un buen día de primavera, hace ahora más de cuarenta años, la buena de Araceli, me hizo entrega de la pequeña imagen del Señor, con la condición de que le hiciera un paso a su medida. Me dijo que tuviera mucho cuidado con él, que era un recuerdo de sus padres, tan frágil como apreciado y que por supuesto iba en calidad de depósito. Tanto Araceli, como yo, sabíamos que el cristo nunca sería devuelto a su dueña, ya que ésta tenía clarísimamente preconcebida la idea de yo iba a ser su distinguido heredero. Cuantas gracias te doy, Araceli por ese cariño que desprendían tus ojos vidriados de admiración, allá donde estés que será lo más parecido a la gloria por la que todos suspiramos. Desde entonces, “mi Gran Poder de barro”, tuvo capilla propia, toda una basílica de sentimiento que se hacía hueco bajo las patas de una silla forrada de damasco con incrustaciones de papel aluminio emulando un retablo barroco garabateado por la más tierna gubia. Estrenó, paso, con su pariguela de madera que le sirvió un antiguo banquito, sus faldones carmesí de pana acrílica y los respiraderos de encajes pintados de purpulina...canastilla de la mejor fantasía cofrade que se pueda despachar por un niño, rematado por sus cuatro faroles, cuya manufactura en plastilina forrada de oropel, contó con el entrañable concurso de mi hermano mayor, debido a la dificultad añadida de su diseño. Lo cierto es, que aunque la vida, se encargó después de ir cubriendo, esta deliciosa imagen, con el polvo del olvido...mi pequeño Gran Poder de barro, me acompañó siempre allá donde el destino me llevaba, presidiendo la calle del centro de mis días; desde la altura del famoso mueble bar de formica de los años setenta, hasta los anaqueles aglomerados de los provenzales diseños de salón. Un día, supongo que también de primavera, paseando por el jueves, le encontré cruz a su medida y peana de escayola, llegué a mi hogar y recorté tres potencias a modo de ráfagas, emulando las que luce el verdadero Señor de Sevilla y lo coloqué al final de la pared del pasillo de todas las casas que hemos habitado. Y desde entonces -como ha sido siempre- él bendice cada rincón de mi hogar.
a Araceli la de los balcones.

Entrada destacada

naturaldesevilla: El Rey que perdió la cabeza

naturaldesevilla: El Rey que perdió la cabeza : Quizás fuera el Palacio del Conde Pumarejo, lugar idóneo para las citas clandestinas del rey...