VOLVIERON CON LAS PILAS PUESTAS

El General Custer, curtido en cien batallas, regresa a West Point. Contrariamente a lo que reza la leyenda, no ha muerto, aunque sus botas no relucan con el brillo de espuelas, dispuestas para un pase de revista. El general Custer, ha presentado su dimisión irrevocable, renuncia a su rango de oficial; se ha desprendido de sus meritorias medallas de guerra, no desea que le rindan honores de ordenanza, ni que la tropa se cuadre al verle y le salude. El General vuelve transfigurado, no quiere oir hablar de órdenes ni asuntos de día; sus muchos discípulos y admiradores se quedan perplejos al escuchar las palabras de visionado que salen de sus labios: “No me deis la bienvenida, jamás me fui, no vuelvo…siempre estuve aquí, esperando a mi amada. Me llevé la misma luz, allá donde acampé, siempre defendí los mismos colores. Ahora soy NATURAL…natural de…ese ha sido mi principal título de gloria, el que me acompañará mientras viva, el único por el que deseo ser reconocido. Natural vive en mí como yo vivo en ella, el mar es otra historia, su natural rumor de olas es la conversación que siempre hemos mantenido en el secreto de la claridad acristalada hecho delta de río. El General Custer musita un nombre que todos celebran, ¿ven a mis brazos, amor mío”.

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