miércoles, 7 de enero de 2009

VALE POR TRES LIBROS

Me había pedido mis tres libros de rigor, como tengo costumbre todos los años: El hombre que esculpió a Dios; Pesadillas de cofrade II y El Almanaque de Sevilla. Pero SSMM, que son más sabios que magos, aún querían prolongar por unos días, mi ansiedad y sobre todo la ilusión que me hacían, estos presentes. Ya me lo habían advertido: Melchor señora; Gaspar hija y Baltasar hijos: que debido a su acuciante trabajo y por imprevistos de última hora, habían encontrado todas las existencias agotadas de los referidos regalos literarios. Pasadas las 0 horas del día 6, a los brindis, endulzados por el tradicional e insustituible roscón de Reyes, abríamos los regalos. Por el peso del paquete que me correspondía, ya sabía yo de antemano, que esos reyes no eran los que me había pedido y la sorpresa se convirtió en desolación al leer la tarjeta que acompañaba la caja de zapatos nuevos con que gentilmente querían remediar el entuerto: VALE POR los tres libros citados, que podrás recoger en la librería…tal y tal… a partir del próximo día 8…

Al principio, el niño que llevo dentro, no pudo contener su desilusión y la cara de enfado me llegaba hasta el suelo. No reaccionaba ante las lógicas disculpas y explicaciones que gentilmente me brindaban SS MM, representadas en los rostros cariacontecidos de los míos, la frustración me podía en esos instantes, hasta el punto de agriarle la ilusión a todos los que a mi lado celebraran el intercambio de regalos. Aunque no tardé en comprenderlo, sí lo hice en resignarme, intentando convencer a ese niño egoísta y mal criado que llevo dentro de mí, pues aunque por fuera deseaba fervientemente complacer al personal, por dentro, no se resistía a la idea de pasar el resto del día sin leer alguna de esas páginas tan esperadas.

En fín, que heme aquí a estas alturas, contando de nuevo las horas, esas horas que siempre se hacen eternas y que prolongan aún más la emoción e ilusión al mismo tiempo. Pido perdón a SS MM por no controlar ese pueril egoismo, que no es más que consecuencia hermosa del niño que llevo en mí, tan Natural de Sevilla.

¡AY, PROFESOR...MI PROFESOR!

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