jueves, 12 de febrero de 2009

LA PUREZA DEL ÉQUITE

Yo, QUINTO CORNELUIS, Decurión del Imperio , al Servicio del Gobernador de Galilea; Poncio Pilatos, y encargado de conducir al Reo que llaman Jesús de Nazaret desde la Puerta Augusta hasta el monte de la Calavera para cumplir la pena de muerte por cruxifixion. DECLARO bajo juramento indecisorio: Que nunca fui concebido por el padre de mi creación, para dar órdenes directas al Santísimo Cristo de las Tres Caídas, ni proferir contra su bendita Imagen, palabras injuriosas, que actuaran o actuasen como mofa y mayor escarnio a su ya recrudecido padecimiento. Ni ordené en ningún momento, que le inflingieran a su escarnecido cuerpo, castigo de flagelo al objeto de espolear su verticalidad con el fin de reanudar la marcha. Que igualmente, nunca fui concebido por el padre de mi creación, para increpar al vecino de la población de Cirene, llamado Simón, el cual se ofreció desinteresadamente a ayudar a cargar con el madero a Jesús de Nazaret, apiadado por su lamentable estado y en generoso gesto de misantropía que le honra. POR LO EXPUESTO, ruego a la Real e Ilustre Hermandad Sacramental del Santísimo Cristo de las Tres Caidas y Nuestra Señora de la Esperanza, que tanta admiración y respeto profesa a este humilde équite, tenga a bien devolver al misterio que se representa en su primer paso, la figura incontestable de mi fiel servidor y admirado ESCLAVO ETÍOPE, que el padre de mi creación, Don Antonio Castillo Lastrucci, concibió acertadamente para recibir mis superiores órdenes, en perfecta adaptación al escorzo para el que fui diseñado. Por ser de Justicia que pido EN TRIANA

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