lunes, 15 de junio de 2009

LA GIGANTA

Retrógrados y mutantes de la república bananera: sabed y entended que la Giganta va a dar a luz. Sí , lo hará merced a su gracia que lleva apuntando toda la vida al cielo, guardando las glorias y miserias de esta ciudad invicta e ingobernable. Ha tardado un milenio en decidirlo, el tiempo que tarde un coloso de su alcurnia y lo celebra con el jubilo cenital de sus venticinco campanas, risa con fuego de bronce desafiando al sol. Sabed también, vosotros que la habeis estado negando toda la vida; sí y más de tres veces -pontífices de pacotilla- por un lado fundando y presidiendo academias de Artes y buenas letras y por otro, vendiendo a la “piqueta” el oro de las indias, a cambio de las grandes superficies. Sabed, que la Giganta va a dar a luz mirando al puerto por donde llegaron de todas las partes universales del globo a mirarla y rendirse ante su aplastante belleza. Mirando al puerto de los descubridores y de los descubrimientos que fueron olvidados, para convertirse en un erial de desolación. Allí donde ninguna de vuesas mercedes fue capaz de sembrar más que jaramagos, con la boquita chica de la especulación y el concurso de las trasnochadas ideas, la Giganta va a dar a luz una torre tan alta y deslumbrante, que la tomarán nuevamente por loca. Son locuras de amor que se escriben cada paso de milenio, con renglones torcidos. Rios de tinta que vierten sus infamias a un Guadalquivir que se lo pasa todo por Torneo. Sepan Vdes., que aquí quien pone el grito en el cielo no es la UNESCO, es la vieja Dama, medidora de su altura infinita y Ella lo tiene claro, más que el azul diáfano que la contempla. Dará a luz una torre que doblará su altura, pero nunca su grandeza, ni acaso lo pretenda, que madre no hay más que una con un único nombre: La Giralda.

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