martes, 30 de junio de 2009

LA SOLEDAD MULTIMEDIA


Tenemos nuestro correo electrónico (el Emilio), algunos más de uno con diferentes contraseña, El “menseger” se nos quedó chico –nos salimos- todos al “tuenti”, nó al tienti, no, que hay mucho niñateo, los más puretas nos vamos al “facebook”. No hay problemas, la intimidad, ya anda por casa, ligerita de ropa, asomada a la ventana y enamorada locamente de Polifemo, el cíclope interactivo que ha adoptado el nombre de web-cam. Fotos a 100- a 300- a500, fotos por los suelos; más de cinco mil millones de fotos tiradas al bombo vertical de la basura. La Soledad, esa niña bonita que tenía problemas de comunicación, de relación, de extroversión, de desolación…ya tiene quien le escriba, quien la sueñe, quien le confiese secretos y quien le pida…¿también se hizo fotos, la Soledad?. Por supuesto, la Soledad cayó en la red, por la banda ancha. Sigue siendo la Soledad de siempre, pero ahora ha enganchado a los que no creyeron nunca en ella, o quizás, nunca esperaron engancharse a Ella. La Soledad conecta, quizás porque nadie se dio cuenta, que detrás de una movida en la disco-pub de las cachimbas aromáticas; o después del baile insulso de una macrobotellona ó detrás del porro, las pastillas, el éxtasis y el chuperreteo inoxidable por la humedad de los “peircing” y las caricias rasposas de las pieles de “tatuo”, vendría una resaca del quince y habría que recurrir al consuelo de los muchas barriguitas cerveceras, de la nobleza del tinto de verano y el refresco que siempre lleva a cuestas la biennacida, Soledad. Ahora la Soledad campea a sus anchas por este desierto interactivo de la comunicación que lleva su nombre. Se ha hecho fuerte, como la quimera de diseño, que nos mantiene frente a las portátiles pantallas sin pestañear. Era un don a nuestra medida y nos la han devuelto hecha un prototipo, envuelta en test de afinidad, de usuarios compatibles con Ella. Ella que siempre fue solícita y reservada, ahora se ha vuelto la reserva espiritual de un mundo que se mira al ombligo, creyendo poder encontrar la otra mitad de su ombligo perfecto. Esto es una realidad, nunca estuvimos, mas acompañadamente solos, corremos ansiosos a abrir el correo, después del derroche de fotos a 100, a300, a500, donde la intimidad ligerita de ropa se vende al precio más barato, nos encontramos contigo, vieja amiga adaptada a las nuevas tecnologías: sabemos tu contraseña: Soledad

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