lunes, 17 de agosto de 2009

María de "toa" la vida

De toda la vida de Dios, María es la que te encuentras por las mañanas en el ascensor, con su sonrisa ancha de buenos días, derrochando afecto y simpatía, te recordó a tu madre, te preguntó por tu mujer, se preocupó por la salud de tus niños e hizo las pertinentes comparaciones con sus nietos; Ella sabe lo que es pasar una mala noche de llantina, calor o duermevela de dolores, antes de que el ascensor tome tierra, ya te habrá consolado con sus mejores deseos. La sabiduría que proporcionan los años, supera a la adquirida académicamente. María de toda la vida, fundó el barrio donde ahora vives, como vive también en todos los barrios cuyos fundadores, procedían de las clases humildes que vivieron en casas de vecinos y corrales con más clase de Sevilla, por eso nos dan clase –todas las mañanas- clase de educación y modales que trasciende a la multicultura que sólo sabe mirar por uno mismo y a los demás por encima de su hombro. María de la vida y milagros, la que nació en la infame posguerra, la que oyó hablar de hambruna a sus padres y conoció el lujo de un papelón de pescaito frito en “Baturrones” compartiendo jarra de cerveza con sus hermanos, la que llegó virgen al matrimonio, no porque ella quisiera, sino por respeto a los tiempos que se vivian reflejados en las caras de sus progenitores. María la bien casada, tuvo luna de miel prolongada en el tiempo, y buscando varón, tres hijas reinando en la corte de su fiel marido enamorado. Vecina intemporal del pimiento y del tomate, de la sal, del aceite y del vinagre, que regala y no fía y si fía perdona pero no olvida nunca una cara. Siempre dispuesta y emperifollada pasea orgullosa por las calles del barrio sus sesenta primaveras a la moda de tallas especiales, venciendo sus dolores con la cabeza alta, a cada paso de su torpe andar, agasajada por el saludo que nadie el niega. Alegría de la huerta, señora del los chismes en la cola de frutas y verduras; honor del carnicero, que cuando la vé entrarar –caja asegura- . María más que amiga de sus hijas, más que madre en activo y protectora, que no escatima carro en “Mercadona” en su justo reparto equitativo; delicia de los nietos, capricho de juguetes, y marca en el vestido a la hora de pagar, “manolita primera”, su bolso es un trinar de niños a la rueda que buscan el placer de las bolas con sorpresa. De toda la vida de Dios, esta María universal, tan nuestra, por todos admirada en el barrio, que lo mismo te cose que remedia el dolor de cabeza pejiguero, pues su bolso es auxilio y es reguero de pastilla de todos los colores: contra la depresión y el mal del sueño, la artritis, artrosis, tensión, la médula espinal y las calores, la diabetes, el ardor y el sobrepeso, de la circulación y los picores.

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