martes, 8 de septiembre de 2009

Atraco a la Inocencia

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Foto:http://www.galeriade.com/galisteo/ Fue como aquel día, primero que se recuerda incluso antes de estrenar el uso de la razón, pero esta vez te tocaba a ti sufrirlo en sus carnes con la misma flaqueza y sensación de desamparo. Ni el tacto fragante de los nuevos libros, ni el olor impecable de los cuadernos, ni el color intacto de los “alpino” o “carioca” mezclado con el apresto del uniforme, conseguían suavizar el sabor amargo de la más cruda y traicionera separación. Le contaste el cuento que a ti te contaron tan fatídico día; le hablaste con las mismas palabras con que a ti te hablaron tus padres, dibujándole un mundo de colores pintarrajeado por las paredes; le mostraste el camino que recorrimos todos, esa tremenda mañana agridulce, hasta que su velada ilusión se fue transformando en inquietud, una insana inquietud que no podía abarcar con la mirada, tantas emociones juntas y por eso se aferraba a tu mano buscando protección, pero ajeno al desenlace. Conocías aquella angustia que se transmite de generación en generación acuciada por el fragor de estos tiempos del bienestar y la calidad de vida más engañosa. Te sentías culpable de que él no tuviera la culpa de haber nacido en esta sociedad hipotecada por la comodidad y maltratada por la imperiosa necesidad del trabajo; maldito trabajo cuya dignidad, sirve para pagar deudas y separarte del año más precioso de tu maternidad. Será por unas horas que llaman: “período de adaptación”, la técnica al servicio de la inocencia, todo parece fantástico como si te llevaran a un parque de atracciones pertrechado de “merchandancing” . Las puertas de la guardería están decoradas con los mismos personajes con los que juegas en tu habitación. Cuantos niños como tú al reclamo de esa “Seño” que te recibe como la más cariñosa de las desconocidas. De pronto y como siempre, la algarabía se convierte en llanto contagioso y desgarrador. La inocencia no admite el engaño, y aquella mano al separarse ti, te arrancó un trozo de tu vida. Será para bien, aunque nunca se olvida el primer desengaño y hoy la vida se ha encargado de grabarlo en la memoria para siempre.

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