domingo, 6 de junio de 2010

Sucursal de Sevilla...con vistas al paraiso



Escrita en las pupilas de un niño de ocho años.

Volví, despues de 45 años y me quedé sin palabras.

Había escuchado hablar de ti –siempre y en todo lugar-

En el idioma dulce que hablan los enamorados

Con los ojos encendidos por el brillo de la emoción

Y tu olor trasminando su aroma en los labios.



Habíamos soñado nuestra obligada cita

Sin prisas –con la mutua certeza del momento -

La cuna de mi padre en un rincon del alma

Se mecía intacta esperando el abrazo.

Cuando te ví de nuevo con mi vista cansada

Los ojos de aquel niño se abrieron como soles

Estabas tan bonita, tan bella como dicen…

Aún más hermosa que yo te imaginaba.

Mis pasos conocían cada esquina del tiempo

No echaba nada en falta echándote de menos…

Todo era igual de azul y de diáfano,

La cal, la piedra, el arco, la torre y la cigüeña…

No cabían las palabras en tus viejas bodegas

Y acabé sin remedio perdido por tus calles.

¡Que hubiera sido de mí –Sanlucar de mi alma-¡

Si no despierto a tiempo de tu olor embrujado

Ese olor transparente del barril de la vida

El olor que se bebe y rima con Sevilla.

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