sábado, 28 de mayo de 2011

Políticos naturalistas

Me quedo con la frase que el otro día escuché citar a Joaquín Moeckel: “El optimista es un pesimista mal informado”. La verdad que mirando a mi alrededor, me siento triste y desolado por la información que recibo y más triste y desolado todavía en la medida de la cercanía de esa información. Desde Sevilla, para el resto de España, me siento indignado por la carga, absolutamente desmedida, que efectuó la policía contra el movimiento 15M, para desaalogar la Plaza de Cataluña y proceder a su limpieza de cara al partido de la final de la copa de Campeones. La violencia de las imágenes hablan por sí solas y afortunadamente ya recorren el mundo con la rapidez pertinaz de la revolución que colapsa las redes sociales. No sé porqué me da la sensación que los medios de comunicación (prensa, radio y televisión) han contribuido –de alguna manera- en la actitud de agravio de dicho desalojo, por diferentes y variadas razones, dignas de ser analizadas por la enorme pléyade de “analistas políticos” que han surgido de las cavernas, intentando explicar la sospechosa procedencia del Movimiento 15M -los indignados- a quienes le han prestado –entre otras- los siguientes titulares: “movimiento invertebrado; heterogéneo; orquestado por la extrema izquierda, tc., etc., etc….” Lo que más me duele de todo esto, como natural de Sevilla y ciudadano del mundo, es que la televisión local se haya sumado a la causa, con comentarios tan desafortunados como el último pronunciado ante las cámaras del alumno aventajado del cronista de nuestra ciudad, en el que interpelaba a sus contertulios –mirando fijamente a la pantalla- y se quedaba tan pancho en los términos de rancidez que le caracterizan: “¿habeis leidos los carteles…que hay repartidos bajo las setas de la Encarnación?…es que no falta ni la cruz gamada…” (está grabado Sr. Robles y se puede comprobar a la carta de la redifusión). Y esto me parece, francamente inoportuno, expresarlo desde una tribuna pública que tanto se precia de ser libre, independiente y sometida al imperio del grupo que le da de comer. Porque luego pasa, lo que le ocurrió al ínclito camarada Sr. Torrijos, que murió ahogado en el mar de los crustáceos retratado en la famosa foto. Aunque parezca ridículo, comentarios de esta índole, pueden probocar un efecto dominó, que encienda la mecha a conductas tan indignantes como las empleadas por la policía en la Plaza de Cataluña (y no lo digo por la repercusión a escala mediática que pueda tener una televisión local como la nuestra), lo digo por la cercanía de esa información en boca de personas, a las que por encima de todo, profeso una devoción como lector y espectador incondicional. Pero hay que tener –como decía mi abuela- mucho cuidado, cuidado con la letra pequeña.







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