domingo, 23 de octubre de 2011

Crónica de un Pregonero anunciado


No hace más de treinta años, volvías a casa el día de Reyes, cansado y cargado con los juguetes que habían disfrutado tus hijos. Los niños venían exhaustos, dormidos en el carrito o sobre tu hombro, soñando plácidamente con la intensidad que le había proporcionado la noche de la ilusión. Después de aquel n 6 de Enero, te sacudía un escalofrío al escuchar el nuncio del primer programa del año; era como presenciar -en la penumbra de tu habitación- el resplandor de la primera Cruz de Guía, esbozada en las ondas de Radio Sevilla por la voz atiplada y musical de Manolo Bará o Filiberto Mira; como la primera Saeta lanzada directamente al corazón desde los micrófonos de Radio Vida o la voz del Guadalquivir. Te sorprendía la espera si necesidad de contar los días; te llamaban la atención los cultos puntuales sin necesidad de agendas diarias donde se amontonan los actos con profusión de datos; te paraba por la calle, la convocatoria orlada por la pluma de Cayetano Gonzalez, fijada en el pequeño retablo alicatado para tal fin a las puertas del templo: Solemne Quinario, Devota Novena, Piadoso Septenario y te asomabas a los templos como quien descubre por primera vez que siempre no es lo mismo y que nunca es lo mismo de siempre. Ahora continua sorprendiéndote esta prisa por saber, este ansia por estar informado, mucho antes de que el tiempo nos alcance. La comunicación que es un medio, ha alcanzado los medios suficientes para lograr su fín, que no es otro, que el de mantenernos, más que puntualmente informados -intercomunicados- sistemáticamente. No hay rumores que no se confirmen al instante, ni salas de espera para contrastar la noticia, todo se hace instantáneo y soluble, que se diluye por el filtro de la tecnología con ingrávida rapidez. Es difícil que se cumplan los plazos, cuando la noticia corre como al contado por la banda ancha de la red; alta velocidad que supera el boca a boca y hace tambalear la liturgia que honra el tiempo,  dando tiempo al tiempo. La ilusión no se manipula en la fábrica de los “mercaderes”, en todo caso pueden llegar a desgastarla por el uso y abuso; ningún taurino, ningún aficionado al futbol, como ningún cofrade que se precie, podrá perder la ilusión, aunque se empeñen maquinalmente en ello, Nada ni nadie logrará abstraernos de esta pasión que nos embarga, pero lo cierto es que cada vez, estamos perdiendo ese duende, ese dejo, esa magia que conservaba nuestra capacidad de asombro intacta. Las nuevas tecnologías han propiciado sin duda a ello;  como antaño cantaba don Hilarión: “los tiempos adelantan que es una barbaridad” -hogaño- hace suya la estrofa adaptada a la actualidad y con fingida  ilusión asistimos perplejos al rito de las tres designaciones más importantes de cara a nuestra próxima Semana Santa, como el que escucha las crónicas de un cartelistas, de un pregonero o de una Imagen anunciada. Atónitos, impávidos, casi indolentes, empeñamos el factor sorpresa por la almoneda de una expectación edulcorada por la improvisación mediática. Sin embargo, para natural de Sevilla, sigue siendo la designación del Pregonero de la Semana Santa un hito que desea fervientemente celebrar con el mismo júbilo y la misma ilusión como lo ha venido haciendo desde que tiene uso de razón; consciente de la enorme trascendencia sentimental y literaria que conlleva y el honor junto a la satisfacción, difusión y eco a nivel internacional que suscita el  acto. Por ello no quiero perder un ápice de la ilusión que me dispensa dicho evento -aunque cada año intenten, la nuevas tecnologías, minimizar la expectación que supone la designación, anticipando públicamente los resultados del escrutinio-. En esta ocasión,  me complace felicitar a D. IGNACIO PEREZ FRANCO, Pregonero de la Semana Santa de Sevilla 2012, deseándole de todo corazón, muchísima suerte en la hora buena de ser el vocero transmisor de los sentimientos de todos los cofrades de Sevilla.

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