miércoles, 11 de enero de 2012

Imagínate...


Imagínate que eres joven emprendedor y vas a la Consejería de Empleo e Innovación a presentar tu proyecto y solicitar una subvención; una ridícula subvención de poco más de 30.000€ para hacer realidad tu proyecto de una granja avícola. No sólo te exigen una documentación impresentable, sino que te ofrecen el silencio administrativo como respuesta al común de los mortales. Imagínate que vas al Servicio Andaluz de Empleo a solicitar cualquier tipo de prestación social a la que puedes tener derecho; te darán cita previa y un plazo irrazonable para presentar una documentación que los funcionarios mirarán con lupa y sobre todo con una desconfianza que te harán sospechoso de fraude. Imagínate que esta crisis descomunal, prolonga en el tiempo tu situación de desempleado y tu precariedad económica te impide atender el pago de la hipoteca, hasta que, 24 meses más tarde, el Banco ejecuta lanzamiento de embargo sobre tu vivienda, valorada en 140.000€. Pues imagínate si estos supuestos casos que se han convertido en la más cruda realidad de nuestro tiempo, se contrastan con los casos de corrupción política y malversación de fondos públicos que han desbordado el río grande de la incredulidad, provocando un auténtico “xunami” que salpica de inmundicia hasta la misma Casa Real. Lo último por más cercano y directo que nos afecta como Andaluces, es la gota que colma el vaso de lo inimaginable en cuanto a la impunidad e inmunidad con que actúan los máximos responsables políticos de la Junta de Andalucía. La noticia con la que nos desayunamos al principio de esta semana, da buena cuenta de que hay que echar mucha imaginación para dar crédito a que el Director General de empleo de la Consejería, ofreciera a su chófer, por vía personal y directa, sendas subvenciones de 450.000€, para la creación de dos empresas fantasmas que ni siquiera estaban constituidas para sus respectivos fines y ese dinero, procedente de los fondos públicos (o de reptiles), se emplease en bacanales y consumo de cocaína por parte del Director, su referido chófer y demás afectos. Hasta que punto actuaban estos impresentables representantes públicos, que se atrevían a semejantes indecencias con nuestros dineros, aprovechando los años de la burbuja, mientras los bancos nos distraían ofreciéndonos hipotecas de plástico en el 2004, para después reprocharnos con la lapidaria cita de haber vivido por encima de nuestras posibilidades. Imagínate la cara de los mártires autónomos que sufrieron la persecución implacable de los inspectores de Hacienda y de la misma Junta de Andalucía, mirando con lupa las mermadas cuentas de sus negocios, mientras que el Gobierno Andaluz, actuaba impunemente, sin ningún tipo de control, malversando fondos públicos, por parte de insaciables corruptos sedientos de poder. Imagínate la rabia e impotencia de quienes perdieron su negocio familiar por que la Junta les denegó la irrisoria subvención de 30, 40, 60.000€. Imagínate la cantidad de puestos de trabajos perdidos, frente a la cantidad de aforados que cobraron indemnizaciones millonarias y prejubilaciones procedentes de sociedades y empresas donde nunca trabajaron. Imagínate la cara de mala leche de los Desempleados que agotaron todo tipo de prestación, incluso la de los que fueron criminalizados por fraude fiscal, debido a la necesidad imperiosa de buscarse una “chapuza”porque con 426€ de ingresos mensuales, es imposible sacar adelante a una familia. Por mucha y grande que sea la capacidad de imaginación, nunca podemos llegar a explicarnos; ¿Porque nadie dimite en el Gobierno Andaluz; porqué nadie asume la responsabilidad que le corresponde como Alto cargo; porqué ningún caso de corrupción de los muchos y graves detectados hasta el momento, han sido descubiertos desde el mismo seno de la Junta de Andalucía... ? Ante semejante impunidad, la opinión pública cobra en rabia e indignación, lo que va perdiendo de sensibilidad frente a los nuevos casos de corrupción que configuran el orden del día en nuestra sociedad, no hay palabras más allá del asco y la indecencia que producen este tipo de hechos y la Justicia se queda chica, asfixiada, constreñida en un cuerpo de mujer hermosa y menuda, llamada Alaya -Dios la ayude y bendiga- a impartirla con la idéntica contundencia con que cae su enorme peso a la hora de embargar a una familia y despojarla de sus bienes por la trágica desgracia de estar en el Paro.

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