jueves, 5 de julio de 2012

Crecer es callar


Las redes sociales están saturadas de mensajes y consignas en busca de la felicidad. Muchos creemos que la felicidad se llega a conseguir siguiendo los preceptos del pensamiento positivo, escrito en las mejores citas de los clásicos que circulan por internet, como un cuadro de honor que nosotros mismos nos regalamos para elevar la autoestima o suavizar cualquier tipo de desengaño que estemos atravesando. Gracias a la red, hemos refrescado la memoria de los grandes pensadores o rescatado del olvido frases inéditas cuyo contendido moral era digno de ver la luz. Pero no tiene ningún merito copiar y pegar una frase hecha si no somos capaces de trasladar el mensaje a la persona más próxima de nuestro círculo. No podemos hablar de felicidad, sin trasladarla a los demás, ni mucho menos sin conocer que dicha utopía, va contra su propia razón de ser si no se siente. No podemos hablar del amor, ni mucho menos gratuitamente, reflejando en los demás nuestra propia ausencia del mismo. Parece ser que en la redes sociales, somos los más agraciados, los mejor informados en el tema de la filosofía de la vida, porque tenemos respuestas para todo por parte de los sabios y maestros que nos han permitido la técnica infusa del copiar y pegar, cuando en el fondo, no hay más que ver que estamos solos con más de 500 amigos; que el amor no nos ha correspondido en el trato, probablemente porque nosotros no le hayamos sabido corresponder y por ende, seguimos soñando en aquel amor ¿utópico? ¿verdadero?, del cual hemos oido hablar, incluso nos ha hecho llorar de emoción en la pantalla, pero...ese es un don que nosotros no podemos comprar ni poseer por méritos propios o concurso de méritos, sino que parte de uno mismo y se alimenta entre dos. Tratemos de aprender de esas célebres citas que circulan por la red como etiquetas y dorsales que quisiéramos llevar impreso en nuestras intenciones personales, pero no aprenderemos nunca, si nuestro verdadero propósito es utilizarlas como arma arrojadiza de nuestro propio despecho. La mejor apología del amor, se suele hacer en silencio. Crecer es callar.






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