jueves, 3 de enero de 2013

GASPAR, el Rey de la minoría

 
(el incienso es una gomorresina granulada de color amarillo o rojizo sabor acre y olor aromático al arder. El genuino proviene de árboles de las regiones conocida como “la Arabia feliz”, de la India y de algunas zonas de África. Estos árboles o, más propiamente, arbustos son de la familia de las anacerdiáceas, recibiendo el nombre genérico y revelador de Boswelia sacra en su variedad asiática.)

Los niños saben quien de S.M. de oriente es el que menos cartas recibe, sencillamente porque son ellos los que se las escriben a sus más preferidos: Melchor, el glamoroso Rey de las barbas blanca y Baltasar, el popularísimo Monarca negro que más expectaciones suscita. Los niños de entre cinco y noventa y cinco años o más, también sabemos que GASPAR existe –aunque sea el que menos cartas reciba- que Gaspar es tan bien recibido como equitativamente aclamado, cuando llega en su aurea Carroza, porque Gaspar representa el regio término medio donde se ubica la virtud. Quizás sea Gaspar el que menos trabajo tenga en la noche mágica de Reyes, pero sin duda comparte el mismo entusiasmo, las mismas inquietudes, semejante afán de atender a todos los niños, que sus compañeros de trono.Es más hay quien piensa y no le falta razón, que el bueno de Gaspar está allí donde la magia de Melchor y Baltasar sufre esos pequeños percances que nadie sabe quien repara. Este año, como ocurriera hace más de dos milenios, el bueno de Gaspar, regresa del Castillo de Herodes, muy preocupado; él se puede permitir el lujo de pensar no sólo en el Niño Dios de todos los niños del mundo, sino en las personas que han perdido la ilusión y han cambiado los juguetes bélicos por infames armas de destrucción. Al cruzar Jerusalem, el Monarca pelirrojo –que menos cartas recibe- llora amargamente, un nuevo bombardeo a la franja de Daza, donde la santidad de la Tierra Palestina, aún sigue esperando un mesías, a la orilla de un río teñido históricamente de sangre inocente.
Gaspar, calla y sufre en silencio, mantiene la Esperanza viva al llegar a Sevilla y vislumbrar el Portal de San Lorenzo; a pesar de ser el menos mediático, el Monarca sabe que es el Rey de los priostes de todas las Hermandades que formarán esa gran y primera Cofradía como es la Cabalgata . Gaspar nos trae el incienso, el denso aroma que nuestra ciudad fundirá con el azahar para anunciar los preludios de una nueva primavera en cuarentena. La Estrella de la Ilusión es la primera Cruz de guía que cruza la Campana; Desde el Heraldo hasta el Gran Visir, pasando por los pajes y todo el fantástico séquito que rodea sus Majestades de Oriente, están dispuestos en sus relucientes carrozas, para lanzar al cielo de Sevilla el primer caramelo; la única lluvia posible que nos hace gozar y sentir como verdaderos niños. El bueno de Gaspar–el que menos cartas recibe- depositará el don del incienso a los piés del Niño Jesús del Valle, la esencia del Dulce Nombre en la manifestación de su Gran Poder –la víspera de Epifanía- la gran noche de la ilusión la otra madrugada más hermosa de Sevilla.

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