miércoles, 2 de abril de 2014

"Entre todos la matamos"


Entre Tinieblas...

Hay hermandades que para encargar un simple guión, convocan cabildo de acaloradas disputas y enrevesadas controversias, guiadas por su afán de que todo su patrimonio, responda a un estilo marcado por su acusado sentido del arte y la estética. La mayoría de las cofradías, apuesta por decisiones arbitrarias, fomentadas por el peso específico de un determinado grupo de presión con el consenso o no de sus oficiales de Junta. Así hemos sufrido todo un siglo y afrontamos el nuevo milenio, sin que los claros ejemplos de despropósitos en los errores cometidos, sirvan para curarnos en salud y corregir los desmanes históricos que ha sufrido el patrimonio artístico de nuestras HHyCC. Por mucho que se afanen en enterrar estos “atentatos” contra el patrimonio memorial algunos hermanos, mi querida Hermandad de la Trinidad, figura al frente de los antojos, con el cambio radical que padeció, el palio y manto de la Dulcísima Dolorosa conocida como “La Esperanza Blanca”, todo un símbolo para las generaciones de los años´50; 60 y principios de los´70. No contento con ello, la hermandad “decidió” sustituir la romántica imagen del Stmo. Cristo de las Cinco Llagas, dos veces consecutivas, antes de llegar a la actual del maestro Alvarez Duarte, todo un “remake” (pero de lo peor, si es que tuvo algo malo el insigne, Juan de Mesa). Y para colmo de la desventura, el paso -de los pocos románticos- que nos quedaba en Semana Santa, “deciden” sustituirlo, aduciendo a descabelladas razones técnicas, por otra canastilla a la manera de los hermanos Caballeros, más colosal...¿para que están los hermanos, me pregunto, a parte de para pagar las cuotas? No puedo dejar de acordarme del Cristo del Soberano Poder ante Caifás, que talló el maestro Castillo, para el misterio de San Gonzalo; ni de la apreciada y bellísima Dolorosa de Rafael Lafarque, sacrificadas por la potente gubia de Ortega Bru, por cuestiones que nunca quedaron suficientemente aclaradas, ni en sus respectivos cabildos, ni en los mentideros de nuestra ciudad...¿Para que están los hermanos, me pregunto, a parte de para pagar las cuotas?. En la hermandad del Buen Fín, se decidió ¿deliberadamente...de la noche a la mañana?, prescindir de las imágenes secundarias, que conformaban el misterio tallado por Alvarez Duarte, “aduciendo” razones de falta de consonancia con la calidad del Crucificado (me lo puedo creer)...pero ¿es que no se dió cuenta nadie en la hermandad, antes de sacarlos, durante más de una década por las calles de Sevilla...para que están los hermanos, me vuelvo a preguntar, a parte de para pagar las cuotas?. Y así sucesivamente, podría estar enumerando casos, sin solución de continuidad, como los ejemplos de los mantos de la Macarena (aquí hay dinero a espuertas) que fueron encargados, para efectuar su pasado y restauración a los afamados talleres de Brenes, resultando su terminación, una auténtica chapuza, que a punto estuvo de condenar para siempre los magníficos dibujos originales de Rodriguez Ojeda; el paso del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, sustituido por el actual, que francamente...¿que aporta de nuevo?. Naturalmente que ha habido, grandes cambios al alza; no todas las hermandades tienen el mismo concepto ni asesoría artística, en lo que respecta al cuidado, conservación y restauración de su patrimonio inmemorial; hermandades que miden y miran con microscopio, todas las opiniones, antes de dar el paso decisivo y cuentan con el CABILDO GENERAL DE HERMANOS, para someter a su aprobación, cualquier cosa que afecte a su legado histórico y devocional. Otras, en cambio, se dejan llevar por sus impulsos, por el peso específico de un grupo de presión y de puertas a dentro, se arriesgan a tomar decisiones, que hoy día -a cuenta como están los tiempos y lo que está cayendo con la crisis- nos sorprenden con obras, que en cualquier caso, suscitan la división de opiniones o promueven la maledicencia o difamación a la que nos tiene acostumbrada la prensa morada. Por citar los dos últimos casos puntuales: el de la ilustre hermandad del Amor, con la nueva y sorprendente disposición de su misterio de la Entrada en Jerusalem (la borriquita), que apuesta por la innovación de Fernando Aguado, en detrimento de las clásicas figuras de Juan Abascal...¿a qué...realmente merece la pena el cambio?. Y finalmente, el soberbio manto que han bordado las hn@s de San Esteban en la clandestinidad. Ya se que a nadie le amarga un dulce y todos los cofrades en definitiva queremos lo mejor para nuestra hermandad y sus benditos titulares, pero...¿para que están los hermanos?...o mejor dicho: ¿el resto de los hermanos que contribuimos?. No hay quien me quite de la cabeza, que entre todos la matamos y ella misma se está muriendo a trozos...Caridad.

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