sábado, 2 de mayo de 2015

Extrañas sensaciones





Dicen que los recuerdos, tienen sonido, olores y sabores. Ayer tarde, la Banda de música militar que acompañaba a la Carreta del Simpecado de la Hermandad del Rocío de Sevilla, me hizo volver a ser aquel niño, que en la mañana abrumada de Mayo, contemplaba de la mano de mi madre, la salida hacia el Rocío de la Hermandad del Salvador. Parece que fue ayer, y ha pasado la friolera de 50 años, cuando volvía a resonar en mi corazón pueril, los sones del himno nacional, confundido por el repique de júbilo de las campanas de la Giralda y la carrera de plata, iniciaba su parsimoniosa vuelta al compás de un pasodoble cañí. Extraña sensación la vivida en la Plaza Virgen de los Reyes, donde minutos antes, la Carreta de Plata esperaba al Simpecado, rodeada de un ávido turismo oriental entusiasmado con el sonido del tamboril, el cual arrancaba un compás de palmas improvisadas y un aluvión de cámaras alzadas por brazos en paralelos, como queriendo inmortalizar la conocida banda sonora del camino rociero. Los amigos nos mirábamos con un gesto de desdén y una frase repetida: “esto no pega...no lo veo” -el sevillano tildado de rancio, quiere pasos en la calle, con sus correspondientes marchas de semana santa y gloria-¿ habrá Vírgenes de Gloria en Sevilla??...¿que pinta una Carreta a veinte días del Rocío...esto que es, un traslado; una procesión; una romería; un cincuentenario? Estas y otras cuestiones, pasaban por la mente de quienes contemplamos a Sevilla, cada vez más perdida en sus esencias, cada vez más arbitraria y desmedida, cada vez más dada al espectáculo gratuito en la calle. Y es que Sevilla, en pleno esplendor de su primavera, a tan solo un mes de su pasada Semana Santa, a una semana después de su incomparable Feria de Abril, llega mayo y no se conforma con la intimidad de un Pregón de las Glorias en el patio más antiguo de su arquitectura mozárabe, sino que necesita el Altar del jubileo de su Santa Catedral, para dignificar un Pregón que se escapa por la multitud de puertas de su Seo, convertida en “parque temático”, por la gracia de un Cabildo con afán recaudador y la estrecha vigilancia de los Seguratas, implacables en cumplir las órdenes de cerrarte el paso. Nadie hablará del Pregón, cuando hallamos cenado, comentaba un “sabueso” cofrade y amigo, para añadir el mejor dicho, refiriéndose al ágape, con el que se homenajea al Pregonero, dándose al mismo tiempo el suculento homenaje, los altos cargos del Consejo, Hermandades y Autoridades civiles y militares de la ciudad. A ritmo de pasodobles “cañí”, avanzaba la Carreta de plata por Alemanes, no era precisamente el empalagoso perfume de azahar mezclado con el incienso, el que trasminaba la tarde, más bien cierro la boca imprudente e inocente de aquel niño que mandaba callar su padre. Ni siquiera puedo responder a tantas preguntas, como las que se hacían los profanos y turistas en la calle: ¿La Virgen es la imagen chiquetita que se ve en la orla...cómo se llama esta cofradía...ya se va para el Rocío...de donde sale...lleva costaleros...y los caballistas?. Se quejaba Sevilla, sonriente y sarcástica: “no hay manera de sacar una foto limpia, ante la proliferación desmesurada de “palos de selfies”, sin dejar de disfrutar, pero poniéndole pega a todo lo que veían sus ojos, llenos de pajas ajenas; saludos cordiales para el paseillo de los “arguacilillos del arte sacro”, el resto de la multitud de fotógrafos reflex aficionados, toreando el el ruedo de prensa gratuita; buscando gradas, poyetes y lo peor, plantando la escalerilla, para elevarse al albedrío; nadie respeta a nadie, todos buscando la foto imposible por repetitiva, que llame más la atención en las redes sociales. Las pizarras de los bares y cafeterías, donde el respetable usuario, no se digna a ponerse en pié, al paso de la Divinidad, competían con las otras pizarras digitales, llamadas “tables”, que neutralizan cualquier intento de encuadre o enfoque a su alrededor. Extrañas sensaciones todas, que distorsionan el sentido de lo espiritual y lo mezclan en un cóctel apasionante, profano, lúdico, religioso, donde en lo general, todos disfrutamos del ambiente, tanto los propios, como los extraños, pero que en particular, terminamos preguntándonos: ¿hay tanta necesidad, para tanto sinsentido...o hay tanto sinsentido para tanta necesidad?

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