lunes, 28 de septiembre de 2015

EN TUS MANOS



Hacía varios años que no comulgaba; me sentía sucio por dentro. No me consideraba digno de que entrara en mi casa, el Señor que todo lo puede. Ni la purificación de su palabra, servía para aplacar el odio, la envidia, el despecho, la ansiedad y el sinvivir que me atormentaba. Esta vez, llegaba al oasis de su Basílica a pedir por mis seres queridos en general y por una persona en particular. Nunca le pido al Señor y menos por mí, que me considero un vividor privilegiado, que cuando se mira en la Cruz, que El abraza, con tanta piedad como dulzura, me reconozco aliviado por esa Paz que infunde su misericordiosa mirada. En la paz de su Cruz, está el consuelo de su Gran Poder y aprovechando su Gracia, le pedí con todo el fervor de mi corazón, que ayudara a mi hijo; que lo protegiera y amparara, en la andadura que va a emprender, en busca de una oportunidad laboral, lejos de nuestra tierra: “Señor, Tu lo sabes todo...conoces cada intención y ofrenda...no lo dejes de Tu mano, donde quiera que vaya”. Esta persona en particular, mi hijo, el menor de los varones; lo quiero más que a los otros...¿no lo sé?, pero he vivido más tiempo con el, que con ninguno de sus hermanos. He tratado de educarlo e inculcarle, lo que -pobre de mí- considero valores de cara a crecer y mejorar como persona; pero el me ha ido demostrando a lo largo del tiempo, que no necesitaba escuela ni docencia mejor que la auto-comprensión y la curiosidad de su espíritu libre y bohemio, fuera de toda disciplina impuesta. Encerrado en las cuatro paredes de su habitación, recluido voluntariamente en su celda virtual, frente a la pantalla enciclopédica de su consola, libre de horarios y fechas de calendarios, volviéndole la espalda a la rutina, incluso haciéndonos creer que no tenía sentido el verdadero sentido de su vida. Manuel Luis, -tan cariñosamente conocido por todos-, como “Magui”, ha conseguido atrapar el tiempo, cuando todo parecía indicar que era el tiempo perdido, lo que lo tenía atrapado. Ha conocido más mundo por su ventana, que el aire libre que corre por las calles. Ha estado en más lugares -sin apenas moverse de su poltrona- que el más ilustre de los viajeros. Su aparente falta de voluntad, confundida con la desidia y el aislamiento, han labrado -en la intimidad-, una fuente “inagotable” de creación, que derrama sus aguas incesantes por los cauces de los más vastos conocimientos. Pero los genios, no saben venderse, no suelen perder su preciado tiempo en engordar “curriculum” prácticos. Los fuera de serie, persisten impertérritos, indolentes, atrapados en las nubes de sus sueños creativos, rompiendo todos los esquemas cotidianos, incluso hasta la pena maternal de la persona más sacrificada por el, que es al mismo tiempo, la que más fe y más misericordia y por supuesto más Amor, comprensión y cariño, tiene depositada en su hijo. Detenido el tiempo, fija la mirada en el eclipse del Gran Poder del Señor, en todas estas virtudes reparaba, pidiéndole por Manuel Luis, sin que la sombra de ninguna duda o defecto, perturbase la carencia de un ser, que se ha ganado -por humildad y paciencia- todo el cariño y admiración de las personas que lo han tratado; sobrarían aquí las palabras de reconocimiento y culto, que le profesan sus hermanos mayores; el delirio y desprendimiento personal y material que le ofrece en cada momento su única hermana y lo que estarían dispuestos a dar por el, de manera desinteresada, sus tí@s y sus adorados primos. El Señor, lo sabe y daba fe, cada vez que me sostenía en la luz de su rostro, de ahí que distrajera mi atención en el bordado suntuario de su túnica.-Ya sabes, Señor que esa túnica no te va, Tu eres lo primero, que nada ni nadie distraiga, el morado liso de tus pies descalzos. Tu eres más de estameña, de esparto y soga -Auténtico-. “Señor, no me lo dejes de la mano”, repetía hasta que me llegó el mensaje del sacerdote: “que la Paz de Nuestro Señor Jesucristo; El Amor del Padre y...” La palabra, acariciaba mis oídos y se quedaba prendida en mi corazón. Hacía mucho tiempo que no comulgaba...este odio, hacia los que me han hecho tanto daño en la vida , se fue convirtiendo en acto de contrición...esa envidia, fue cobrando suavidad, a la primera lectura; con el Santo Evangelio: “Quien no está en contra nuestra, está con nosotros”, sentí la gracia del perdón. Miré al Señor -de nuevo- “Este es el Cordero de Dios que quita...” Señor, no soy digno de que entres en mi casa”...pero una mirada suya, bastó para sanarme. “Señor, no me lo dejes de tus manos”...con Tu Paz me voy, para volver a darte las Gracias...Al salir a la plaza, una madre, llamada del Dulce Mombre, volvía, vestida de Sol y coronada de estrellas. Era la hora del Angelus: Salve, Madre, vuelve a nos, esos profundos ojos de Misericordia.

a mi hijo
Manuel Luis, para que Ellos lo protejan en su nueva andadura.

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