viernes, 26 de febrero de 2016

TODO POR LA MADRE

Cuidado con los Fariseos; con los aviesos escribas, pendientes de lanzar la primera piedra. Los ignorantes, los descelebrados “sabelotodos”; los que asaltan y difaman, profanan y atentan contra la inteligencia. Mucho cuidado con aquellos avizores que están pendientes de las cosas de Dios, más que del cumplimiento de su palabra, la práctica del perdón y el ejercicio de la Misericordia. -Protégenos, Señor- de aquellos que saben las citas del Evangelio, para utilizarlas según sus intereses partidista; Ateos expertos en teología; diablos de la Fe -filium- sin obras. Si los unos se muestran como ultras y radicales de un marxismo, que murió por su mala praxis en los brazos de una Europa capitalista y atea, los otros -resentidos-, aún sueñan con el brazo derecho extendido, mirar de cara al sol con la camisa nueva de los viejos salvadores de dios y la patria. Cuidado también, cofrades y capillitas, no vaya ser, que al rasgarnos las vestiduras, nos pase como a los ancianos de Israel, que pensaron en sacar el Arca de la Alianza (las cosas de Dios) para vencer a los Filisteos y terminaron, vencidos y sin el Arca. Las Bienaventuranzas fueron proclamadas en el mejor Pregón pronunciado en la historia; Sevilla, experta en pregones y memorables pregoneros, tiene en D. Antonio Rodriguez-Buzón, el listón más alto, posiblemente no superado. Pero las Bienaventuranzas que proclamó el Cristo, junto con aquella oración que el mismo nos enseñó: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre”...además de ser insuperable, está escrito para siempre, por los cuatro evangelistas. Se lo puedan creer o nó, los que no practiquen, esto que viene a ser últimamente lo más revolucionario: Seguir a Cristo...sí “Ecce Homo” que presentado en Sevilla el Martes Santo, arrastra una ingente multitud, encierra un “cuerpo místico” que igualmente resulta increible de comprender en los tiempos que corren, donde -francamente- el laicismo, no necesita absolutamente para nada a Dios, aunque para bien o para mal, en el último de sus alientos, lo tenga siempre en la boca. Bien, para este extraño cuerpo místico, que no es otro que la Iglesia católica, existen unas obras de Misericordia .grandes desconocidas, como su catecismo, aunque ahora nos suenen un poco más con el jubileo de las campanas, en el Año de la Misericordia. Para los más revolucionarios -los cristianos cuasi subversivos de hoy en día- una de estas obras de Misericordia (llamadas espirituales), en el más difícil todavía, nos exhorta al Perdón más crudo: El Perdón exclamado por el Cristo de las Misericordias a punto de expirar en Santa Cruz. El nos da la libertad de Perdonar las ofensas, ¿incluso las ofensas a una Madre?...¡vamos, venga!...que hay que ser prudentes como palomas, pero astutos como serpientes...¿no lo dijo El, también?...¿no está escrito el ojo por ojo...¡hasta donde, vamos a tener que tragar los cristianos?...¡Pues hasta que nos duela!...¡incluso hasta desangrarnos como El en la cruz!...Porque es verdad que está escrito lo del ojo por ojo, pero El llegó más lejos, porque estaba conferido por la Autoridad del Padre: “Perdonad a los que os ofendan...poned, incluso la otra mejilla...porque si perdonais a vuestros amigos, ¿que mérito teneis?...Perdonad a vuestros enemigos, pedid por ellos...” Resulta absurdo, ¿verdad?, incoherente, irrisorio...Pues bien, ahí está el Reino, el Reino no de este mundo, sino de la Verdad y la vida, la misma vida ejemplar de una Madre Santa de todos los sevillanos, y cuando se escribe de todos los sevillanos, se subrraya de todas las ideologías y colores políticos y sociales. Una Madre Santa, cuya descomunal obra, maravilló y emocionó a los más radicales, ateos y anticlericales. Tu y yo, sevillanos de historia y tradición, sabemos en el alma, lo que Madre Angelita, diría de todo esto que estamos viviendo, de esta sinrazón, de este atentado contra la inteligencia y la raíz más profunda de un pueblo...Madre Angelita, no diría nada, no abriría su sonriente boca , ante parecidas falacias, no perdería un ápice de su entregado tiempo, consagrado a los más pobres y menesterosos, simplemente -ruborizada y ligera-, correría, menuda y ardiente a dar gracias a Dios y pedir por aquellos, que no saben, que no conocen, que no han tenido la dicha de cargar con la Cruz e ignoran que cuando desprecian la cruz de sus hermanos, Ella, la madre Santa de toda Sevilla, AGRADECIDA, corre a recoger el peso de tantas ofensas, para la salvación de nuestras almas. ¿Encontrais la diferencia?

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