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viernes, 6 de abril de 2018

CRONICA DE LA SSS III, EPILOGO

DESDE EL ESPLENDOR DE LA MAÑANA AL EXITO DE LA RESURRECCION


Cuando la Cruz de guía de la hdad. de la Esperanza de Triana, llegaba a la Campana, se encontró con la Cruz d guía de la Hdad del Calvario e incluso, pudieron escuchar la recta final del Palio de la Macarena, enfilando Sierpes a los sones de Coronación Macarena. La ejemplar cofradía del Calvario, pasó como una exhalación y detrás de la Virgen de la Presentación, se comprimía el poblado número de los elegantes nazarenos de Triana, desfilando de tres en tres. Las Hdes, que no dejan de trabajar, dándoles vueltas al asunto de los tiempos y retrasos, están dispuestas a adoptar  cualquier tipo de medida que mejore y ajuste sus apretados horarios, excepto dos cosas fundamentales; renunciar a su lucimiento en Campana (Roma no paga a traidores) y ajustar cualquier propuesta de posible mejora, en base a la "inamovible" CO. En este sentido, estarán dispuestas a hacer todo el sacrificio que esté en su mano, excepto renunciar a estas dos premisas, que consideran fundamentales, al menos, hdes, tan espectaculares en su discurrir por la Campana mediática, como La Esperanza de Triana y los Gitanos. El retraso que produjo, ese parón al que se vió abocada, la Hdad de Triana, comprimida entre O,donnel y Rioja, se materializó en los 15 minutos que dejó a su paso por Campana, sin renunciar como digo al lucimiento y deleite al que nos tiene acostumbrado. El esplendoroso palio de la Reina de la calle Pureza, se recreaba en la recta final que enfila hacia Sierpes, dejando absorto al personal, con una parada, sin tocar los zancos en el suelo, que estallaría en apoteosis, cuando el paso se mueve hacia atrás, al compás de una marcha ensayada. ¡Momentazo! que había que estar allí presente para describirlo, mientras la Cruz de guía de los Gitanos, avanzaba -peseta a peseta-con su primer tramo abigarrado de tres en tres. Está también claro, que estos vibrantes momentos, coincidieron con los dichosos pronósticos del tiempo, en la mala hora de la lluvia inminente, que se quedó en llovizna, "enjarinada" y desconcertó por completo el Paso del esperado Cristo de la Salud, por una Campana que le guarda fidelidad eterna. No sé si los mapas que barajaron las tres cofradías de capa, fueron igual de alarmantes, pero lo que está claro, es que la Macarena, continuó su desfile, con toda la tranquilidad y buen ritmo y la Esperanza de Triana, se refugió en la Catedral con más prudencia que calma. La mañana clareaba, por Martín Villa, recibiendo al Señor de la Salud, que caminaba abiertamente hacia la Anunciación y la Virgen de las angustias -sin prisas pero sin pausa- derrochaba el aroma a canela y clavo de su original paso de palio, siguiendo a su Hijo, con la maestría y el empaque que le caracteriza. Después de la imaginaria tormenta, vino la calma, el temple de salir d una situación comprometida, con la seda y el percal de recomponer la mágica mañana y las tres cofradías de capa, volvieron a sus respectivos Basilica, Santuario y Capilla, en olor de multitud y devoto lucimiento. Se ponía punto final, así a una Madrugada tan temida, como deseada, tan apuntalada como dispuesta a no caer en ninguna trampa, que perturbe el normal desarrollo de la Semana Santa de Sevilla, en su punto más álgido. Capítulo a parte, enunciaremos el merecido agradecimiento a la ciudadanía en general y a los cuerpos y fuerzas de Seguridad, representadas por el CECOP, así como a todas las Instituciones, responsables, medios de comunicación, organismos, delegaciones y autoridades, que hicieron posible, la vuelta a una normalidad en estado de alarma, Ya solo queda trabajar por que esta normalidad se reduzca a su propio terreno, sin que la seguridad, ocasione más problemas que los necesarios.

VIERNES SANTO TARDE.- La tarde del Viernes Santo de Sevilla, es la jornada imperdonable de la Semana Santa. La más auténtica y recatada, la libre de estrés, la sin prisa, la relajada, la que vuelve a estrenar la ilusión de Domingo de Ramos por Triana y se serena en la Cuesta del Rosario, con la Cofradía perfecta de San Isidoro. Romanticismo y evocación, por el Arenal, Real de la Carretería, donde no hace falta acercarse mucho, para ver, al barco de la hojarasca, con pañuelos de despedida. Hasta la amenaza del tiempo, sucumbe en el cromado terciopelo de la elegancia, en las nubes de Rubens que configuran el cielo entre las dos orillas. El cielo puede esperar porque hasta el agua es bendita, que sale del hisopo y pulveriza los páramos azules y grises, cuando pasa el único Dios hecho hombre, el Gitano enclavado de la caba, el Cristo de Caramelo y miel, de almendra salada y garrapiñada, que nos muestra el mapa de su anatomía perfecta. En el último suspiro de la vida, el Cachorro, nunca acaba de Expirar, nunca muere, solo Resucita. Resucita, los sentimientos y las emociones, resucita el cansancio acumulado, resucita a los niños, que en sus carritos, lo buscan de la mano de sus padres.Imperdonable quedarse y no ver al Cachorro, salir de casa un Viernes Santo y no acudir a su encuentro. Aunque no estés allí, en la cátedra de su multitudinario recorrido, verás al Cachorro, por cualquier parte, en el reflejo de tus retinas, donde lo tienes grabado para siempre, en el recuerdo de la estampa de tu abuela, en el cartel de sus imponentes primeros planos, de sus escalofriantes imágenes difundidas por la pequeña pantalla. El Cachorro se vé por todas partes el Viernes Santo en Sevilla, porque el círculo imaginario que trazan sus brazos abiertos, es la cuadratura del círculo que resume toda la Semana Santa de Sevilla. Y en el más dificil todavía, cuando parece que ya lo has visto todo, viene el Dulce Nazareno de la O, derrochando humildad y mesura por el compás de San Pablo y el morado de su túnica oscilante se matiza en  malva con reflejos buganvilla, que se confunde con el raso de las románticas túnicas de los nazarenos y la banda del sol, le pone un punto de suavidad a sus severas cornetas, a sus tambores destemplados. La antigua sinfonía toca a su fín en el marco cromático de la Tarde más Santa. Cristo no está en los Sagrarios, ha quedado con Sevilla en los azules y plata de Montserrat, para derrochar el último aliento de su infinita Misericordia, en la Conversión del Buen Ladrón. Que verdad aquello, de que "esta noche, estarás conmigo en el Paraiso", porque no es otra cosa el ser y estar del Viernes Santo de Sevilla. La ciudad como decía el maestro: sosegada y en calma, la noche alta donde la Giralda, parece desgarrar el cielo, como el velo se abrió en dos. No hay apuros, ni atasco en los cruces, ni ansiedad en las bullas, ni retrasos insufribles, ni cortejos infinitos, solo hay santa paciencia por contemplar en las calles, con ojos vidriados y piernas dormidas el sublime encanto de las Insignes Cofradías. Silencio y repeluco al tañir del muñidor, anunciando el cortejo espelugnante de la Sagrada Mortaja. La Virgen de la Piedad, cambió su tocado histórico, por otro que hizo más historia todavía, al despejar el nácar de su inefable hermosura dolorosa, no me extraña que llorase hasta el mismo cielo con esa llovizna pertinaz que alteró la armonía de los desfiles procesionales, a esa hora imprecisa, en que la Soledad Franciscana, deja su penetrante mirada en las alturas de Carlos Cañal. La cofradía del Patrocinio, aligeraba su paso, sin perder su precioso tiempo en saludar al Baratillo; la O fuimos todos, enamorados por la Dulzura del Nazareno que seguía de frente tras el buen ritmo que le marcaba la Señorita de Triana y más adelante sucedió el prodigio, porque eso fue lo que ocurrió, cuando el equipo de priostía, protegió la venerada imagen del Señor, con un capote recio que casi cubría en su totalidad la talla, dejando tan solo a la vista, el piadosísimo rostro de Cristo, aún más cercano y humano, todavía más impresionante si cabe.


SABADO SANTO.- Lo esencial se pierde en los anales del tiempo y lo recuperan Hdes, como la de los Servitas, milagro de Cofradía tan antigua como nueva, que es un puro catecismo itinerante de Palabra, obra y público notorio. Se puede ver los majestuosos pasos de Ntra Sra de los Dolores y el palio de la Soledad -Servitas- por cualquier lugar de su recorrido, cualquier momento es bueno, para deleitarse con su cuidado y medido cortejo, así como el compendio de buen gusto y calidad artística que va derrochando a su paso. La última Esperanza de Sevilla, la Esperanza Blanca de Pureza Trinitaria, es una explosión de cofradía de barrio, que desborda la ronda con sus vistosos pasos de misterio y porque no decirlo, el último concierto de las dos mejores bandas sinfónicas de Sevilla. El Santo entierro, por más que se empeñe en cofradía que lo es y de lujo, nos sigue pareciendo un desfile representativo y castrense. Imposible verla en su recorrido de ida, fuera de la kilometrica CO, lo cual origina estancos de bullas en el cruce de Alemanes, como a la vuelta por Placentines y Hernando Colón...y la Soledad, ¡Dios mío, que tiene esta imagen, este paso, esta Cofradía! que nos encandila a todos los cofrades. Este año, escuché un acertado comentario sobre esta personalísima y original Dolorosa, por parte de un periodista joven y bastante acertado en todas sus apreciaciones: Ante un excelente primer plano de la Soledad, ya de noche, subiendo la Cuesta del Bacalao, el joven periodista afirmaba, más o menos con estas palabras: "Dios mío, en que estará pensando la Madre, con esa mirada perdida y esa pena consumada". Pues sí, la Soledad de San Lorenzo, tiene ese duende  y esa gracia y majestad que otras más bellas y hermosas no tienen. Es, sencillamente, el icono de la Soledad y el abandono de la Madre, que comienza a recordar, todo aquello que guardaba bien dentro. La Virgen María turbada por el Anuncio del angel, es en su Soledad, cuando parece entender que su Hijo va a Resucitar y esa certeza, ese hálito, esa unción sagrada, la tiene, como nadie, reflejada en su atónito semblante,  la Soledad de San Lorenzo, por eso son tantos los que con Ella, después de su entrada en San Lorenzo, traspasada de saetas, besan las puertas de la Parroquia, despidiendose de una nueva Semana Santa, y pidiendo salud, para el año que viene. El que suscribe también se despide de estas crónicas, que le han resultada tan largas y extensas como una tesis doctoral, solo que más auténticas -si cabe- que el master de La Cifuentes. Por lo menos ha salido del corazón, con afán y ánimo de servicio, además que es verdad, porque el otro ánimo, el de lucro, no he tenido el gusto de probarlo en las 62 Semanas Santa que he vivido, restándole al menos cuatro años sin uso de razón.
    Espero que sea del gusto de la mayoría, aunque es asunto baladí, contentar a todos o en cualquier caso del buen gusto, de la minoría que me sigue. Termino, dando mi más sentida y profunda enhorabuena a la Hdad. de la Sagrada Resurrección, por el éxito corroborado un año má, de su nuevo Horario. Ya era Hora, que esta afanosa Hdad. llenara la Campana y recorriera toda la CO con público en las sillas dispuestas, cerrando oficialmente la Semana Santa de Sevilla con la ingente multitud que la acompaña, en su recorrido de vuelta.

 Los capítulos relativos a exorno floral de los pasos, Bandas de Música, repertorios, costaleros, vestidores etc.,quedan fuera de estas crónicas, al coincidir el autor con las acertadas opiniones generalizadas, que sobre estas delicadas materias, ha leido en distintos medios acreditados, como El Llamador de Canal Sur radio y Pasión de Sevilla, ABC
 
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