viernes, 25 de abril de 2008

NACIDO EL 10 DEL 10

NACIDO EL 10 DEL 10

 Tenías que nacer un Martes: ¿tu sabes lo que significa un Martes Santo para mi?...y a la misma hora que sale San Esteban: ¿eso también lo sabías? Y sabías que aquella noche de vísperas, los alrededores de la Palmera –a las tres de la mañana- tenían un perfume embriagador a jazmín y “dama de noche”, que corría el aire tibio como el que acaricia en la primavera haciendo oscilar la llama de las velas atrapadas en los guardabrisas. La mañana del diez, se abrió en la espera, nublada y gris como Viernes Santo al Alba, cuando viene el Señor de la Salud por la Avenida descorchando los sentimientos. Y a la hora del angelus, cuando más o menos la Santa Madre de Sevilla –Sor Angela de la Cruz- recibe los rayos de la luz más diáfana en el perfumado patio de la caridad, el sol brillaba en lo más alto para recibirte, poniéndole matrícula de honor al diez del diez que te invitaba a salir del cariñoso vientre de tu madre. Sabías también que eras tan querido como deseado, desde el instante mismo que tus padres nos reunieron para darnos –de manera tan ingeniosa como original- la buena nueva..las lágrimas de alegría de tus futuros abuelos, la emoción orgullosa de tu padre, el delirio de tus jóvenes tías, la ilusión de tus primos..la esperanza de todos. Y allí estábamos toda la familia para alumbrarte el diez del diez, compartiendo el dolor solidario de tu madre –tardastes en salir, eh..machote- el desasosiego y la inexperiencia de tu padre, el escrupuloso vilo de tus abuelas y la confianza que puso en las manos Divinas del Señor de la Salud, este abuelo que te escribe dando gracias. Aún así, todavía no sabes –Fernandito de mi alma- lo feliz que nos has hecho. Me permití el lujo de mirar las caras de los demás antes de recrearme en tu tierna presencia, te confieso que lo que más me conmovió fue el rostro de tu padre –mi querido primogénito- tan atónito y anquilosado, incapaz de reaccionar ante la explosión de júbilo del momento…fue entonces cuando acerqué mi boca hacia tus deliciosos oidos y te susurré: “mira la luz de Sevilla”..y se abrieron tus ojos de repente como por ensalmo. Me dá amí, que vas a ser tranquilo y bueno –como tu padre- y más guapo que la madre que te parió y ya que he empezado a abuelear, sueño con tener el privilegio de enseñarte de la mano el paraíso donde has nacido y gozar de los esplendores de su primavera en las próximas Semanas Santa..los genes los llevas dentro como un regalo del cielo y hermandades tienes donde escoger, de momento tras el bautizo, te espera la solicitud de Los Gitanos, que tu tío abuelo te tiene preparada..pero tú sabes ya cual es la mía. Mientras tanto..duerme, mi querubín mullido..sueña en tu limbo de los justos..disfruta del Amor tan grande que has venido a darnos..”a la nana nanita nanita ea”…que mi niño se duerme, Bendito seas. Tu abuelo Natural de Sevilla.
II.-

 DANIEL, el tranquilo... Por muy complicado que sea un embarazo y doloroso el parto, no deja de ser una experiencia maravillosa para una madre, por tanto ya sales de su vientre, prestándole al milagro de la vida su primer llanto de felicidad. Daniel 2.930 gramos de ternura, carne sonrosada, maullido de gatito indefenso que busca el cordón umbilical que te unía- en cúbito supino-tan a gustito a tu madre y ahora se convierte en tibio pezón de luz al que se aferra tu boquita sedienta. Nosotros, mientras tanto te observamos atónitos, con esa mirada que teme causarte la más mínima molestia, con el brillo que ilustra el amor de quienes hemos dejado de ser nosotros mismos, para consagrarnos a ti, cosa tan chica que desprende una energía tan grande. Poco más que expresar en tus primeros días por parte de este abuelo que te escribe; digan lo que digan, Daniel –tranquilo- ya has visto la luz de Sevilla, especial para nacer; tu madre te ha alumbrado con una fuerza extraordinaria –no sé de donde la ha sacado, pero tu precioso nombre reza mucho sobre ello- Tu padre ha disfrutado como nunca en el parto, te ha cortado el cordón umbilical con sus propias manos y te ha puesto sobre el vientre de mamá para que no notaras la diferencia. Digan lo que digan, Daniel –tranquilo- bienvenido a esta tierra de luz , de colores, de agua y aire de sonrisas y besos de olores únicos y sentidas emociones. Te esperamos, tu pequeño hermano Fernando y yo, para abuelear por parques y jardines, gozar con este sol que quita las penas, y jugar a la sombra de los naranjos. Sí Daniel…acuérdate de los naranjos…ya te contaré.
III.-

 A MI PADRE... He mirado el almanaque, señala el día 19 de Septiembre, tal día como hoy –hace ya la friolera de 22 años- murió mi padre; sin dar ruido, tal y como vivió. Un hombre sencillo, fino y educado y también culto. Era de esos padres de los años sesenta que mantenían a sus mujeres en casa, sin grandes ambiciones, en aquellos pisitos de alquiler que daban a luminosos patios de vecinos. Era un hombre feliz aparentemente –enamorado de su trabajo en una Distribuidora de Películas- que disfrutaba del cine y me llevaba todos los domingos a la matinal del Regina y después al futbol de los pobres, que era en aquellos entonces el Triana Balompié. No sabía expresar sus sentimientos de manera afectiva, pero en la forma de darme la mano yo experimentaba el cariño que me transmitía. Quería a mi madre-aunque no se lo expresaba en público- pero era lo primero que buscaban sus ojos al llegar a casa. Fíjate si mi padre era bueno, que nació en Sanlucar, como la manzanilla, aunque se sentía sevillano y era bético…más que bético –como el decía con mucha guasa-¡ diabético!... ya que padecía dicha enfermedad. Con qué orgullo presumía de que su primer nieto, se llamara como su padre. Cuando quise disfrutar de su compañía, y la vida le compensaba de tantos esfuerzos y sacrificios, le sorprendió la muerte en pleno sueño de una noche de Septiembre…era tal día como hoy –tenía 66 años- . Mi padre no dejó muchas huellas materiales, pero sí una sonrisa inolvidable y un gesto de bondad que aún reconozco al mirarme al espejo. Que sepas –papá- que tu primer biznieto también se llamará Fernando.

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