sábado, 7 de octubre de 2017

lunes, 12 de junio de 2017

EL CRISTO QUE ENAMORO A SEVILLA




































Se veía la espadaña de la Magdalena, al fondo, del cielo claro, abrumado por las salvas de incienso descompuestas en la luz de una atmósfera sofocante. El Cristo de los Desamparados, presencia viva en el sagrario, dejaba el dosel del mármol rosa, para hacerse imagen del Dios muerto en la cruz, por Amor. Venía envuelto en la cadencia, muy poco a poco, sobre los piés de los hombres entregados al magisterio de los Villanueva. Sobre un paso que estiraba los candelabros más cimbreantes, para estilizar el -paseillo torero de la Salud de un barrio- para sellar la elegancia del Cristo de nácar que se hizo aquella tarde con Sevilla, sin necesidad de presentación. Solo la fiebre del aire, cargado de temperatura, se paraba al verlo, como los corazones exhaustos que no lo situaban fuera del Sagrario del Santo Angel. Parecia lo que era, el Cristo dormido en la Cruz de los Desamparados. El Dios trascendente, encarnado en el rostro del hombre, por Amor. El portentoso Crucificado, que nunca presumió de lo grande que era y escondió su Humildad en sel retiro de la nave del Evangelio. Y Sevilla al verlo de pasar, enmudeció y cuando quiso hablar conmovida y extasiada, escuchó el concierto de las marchas más escogidas,; Ione, Jesús de las Penas, Amarguras, Valle...Asomaba la Giralda al fondo de la Plaza engalanada para el Corpus y el Cristo se recortaba en el Arco efímero de la Parroquia del Tardón, a esa hora en que la luz de Sevilla perturba a los artistas y el cielo se torna bóveda cobalto estampada de hojas de acanto. Testigos de excepción, el pintor de la Verdad, el Dios de la madera que logró labrarlo y la silueta asombrada del príncipe de los ingenios. Hacía mucha calor, sin duda caía en lenguas de fuego, la ciencia infusa del Paráclito, que enviaba su Espíritu para renovarnos a las plantas del crucificado que enamoró a Sevilla.

martes, 6 de junio de 2017

Toda la Verdad, ROCÍO

Foto, ANTONIO SANCHEZ CARRASCO (Hay fotógrafos y luego está Antonio, que sabe inmortalizar el instante)

   La verdad, y toda la verdad del Rocío, la sabe solo aquel hno, tocado por el don de la sabiduría, que expresa sencilla y claramente, con voz de campo, aquella devoción que le inculcó, su padre y su madre -que en paz descanse- y lo dice con el "jipío" de los que solo saben cantar por sevillanas rocieras, lentas, cadenciosas, acompañadas de palmas sordas. .La misma verdad, la sabe el peregrino, caminante apoyado en la frágil vara de acebuche, que se afana por mantener el -paso carreta- por los bancales y pierde pié a lo largo de los 14 km de esa Raya interminable. Es una verdad tan rotunda y convincente como el tiro de la carreta de Huelva, que sumerge a los caminantes en la niebla espesa de las arenas y los cubre de polvo y churrete, hasta llegar a la Aldea, exhaustos, pero sin dejar de cantar y dar VIVAS a la VIRGEN. Toda la verdad del Rocío, se ve impresa en los rostros que TRIANA, por ser TRIANA, lleva a la presentación, pero también en los que acompañan a las Hermandades familiares, las que sellan con sus pocos Hermanos, un Simpecao, escaso de plata, preciso de flores e intenso en vivencias y puros sentimientos. Una verdad, también maquillada por el buen gusto, el señorío, la arrogancia y la hermosura de mujeres y caballistas, la otra verdad del Rocío, la que más escuece a los ojos de los que no tienen más que lo puesto. Ya lo dice la copla de Gines -madre y maestra- "Cuando pasas a caballo, camino del Ajolí, ojos que no tienen nada, se quedan fijos en ti". Muchas otras verdades tiene el Rocío, que dan que pensar, tanto como  los que no pueden disfrutarla, Como el contagioso ambiente que se vive en las casas, durante la espera. El derroche de medios, el poderío de las mesas, la diversidad de manjares y la calidad de los caldos, frente a el menor coste de los que acampan bajo las carpas dispuestas por sus Hermandades y comen del rancho, previsto para atender a todos sus peregrinos, haciendo lo posible por acoger a cuantos allegados o extraños, se le acercan, pidiendo el pan y el agua de un refresco o un bocadillo. Todas esas verdades se enfrentan en el Rocío e intentan convivir en la paz de la vitoreada "Fe Rociera", despertando también las dudas razonables que plantea este mar de devoción, revuelto de disfrute, alegría, oración, alarde, vino, cante, juerga, servidumbre y señorío, que aparenta esta singular Romería. Como todo hay en la viña del Señor, donde -La Virgen, la Madre- pone solo, la cordura espiritual del "hacer lo que El os diga", señalando con su sonriente mirada, al Pastorcillo Divino. Todo lo demás, de la verdad del Rocío, se hunde en las arenas movedizas de querer y no poder, explicar con palabras, el rito, la antropología, la liturgia y los actos programados por una Hermandad Matriz, que desde Almonte -en la Aldea-, trata de que todo salga lo más parecido a lo previsto, El Rocío, no empieza ni acaba en Mayo o en Junio, en el Rocío se trabaja afanosamente todo el año; no es algo improvisado que se cita para el fin de semana de Pentecostés, asombrando -con el salto a la reja-, a todo el mundo que ve las noticias en el telediario. El Rocío, nos coge de improviso a todos los que no tenemos previstas sus pormenorizadas secuencias. Nos enerva, nos sume en la confusión -de su espectacular puesta en escena-, su mejor imagen, la más auténtica -dentro del controvertido escenario donde se produce-, más allá de su atrayente decorado, de sus llamativos figurantes, por encima del paisaje paradisíaco de una Marisma patrimonio de la ecología humana, es LA VIRGEN. ELLA es, quien manda, ordena y dispone. Los Almonteños, solo conocen el secreto de los siglos de tradición, están preparados, nacieron para entablar con LA VIRGEN, un combate, que por más salvaje que parezca, tiene sus leyes -no escritas-    bajo las andas. Ellos no desafían las normas de la razón, solo hacen posible que la razón, no altere su aguerrido conocimiento, Luchan por que nadie se atreva a igualarles, en el vetusto privilegio que supone llevar a VIRGEN del Rocío al universo de su devoción. Serán ellos y siempre los que quieran ellos, los que injerten a la Virgen, en el corazón latente de todos los rocieros y lo harán dentro de esa  teoría del caos, donde se impone el orden a base del desorden y  desconcierto. Será a base de empeñones y alaridos, como se entiendan entre ellos, para romper el silencio de ese instante de gozo y delirio, cuando la Virgen logra la verticalidad forzada de sus andas, para abatirse -como un resplandeciente velero, en el mar del fervor, que es la Madre de todas las tormentas marianas. Y no hay más que rascar, desde que se produce el Salto de la reja y comienza el vuelo-oleaje de la BLANCA PALOMA, tras esa hora sin hora, todo lo demás serán elucubraciones, fuera de la Fe y los sentimientos desbordados. Todo lo demás, será producto de nuestra imaginación, enfermiza o conversa, creyente o infiel. La verdad del Rocío, no tendrá otra explicación más que rendirse a la evidencia o sucumbir a las deficiencias de una forma de ser y sentir, que se llama Rocío y es solo exclusiva de la VIRGEN, La Reina de esas Marismas. 

HORA QUE NO TIENE HORA
contraluz de las tinieblas
serenidad cegadora
ansiedad de la paciencia.

Nube que nubla la Aurora
un océano de arena,
cielo a la altura del orbe
separado por la reja.
Soledad del Universo
del mundo que la rodea
a sus piés, ni media luna,
ni estrella que la proteja.

Los dueños de su sonrisa
precipitan la marea
y Ella vuelve la mirada
como quien no quiere y deja
que sus hijos la disfruten
en su Gloria rociera.

Aquel que quiera entenderlo
que lo entienda por las buenas
que por más que se lo expliquen,
la verdad, no tiene vuelta,
si no la ves, ni la sientes,
por más atención, no aciertas.

El Rocío es otra cosa,
ni más mala ni más buena,
Diferente -o es lo mismo-
Distinto, puede que sea.
Las palabras no terminan
de juntarse en consecuencia
para definir la exacta
realidad de su grandeza....
a todos nos cae pequeño
a muchos, grande le queda,
para algunos -imposible-
para otros -una quimera-
monumento a la mentira...
-y como reza la letra-
"hay quien dice del Rocío"
que todo es "juerga" en la Aldea.

Pero la verdad lo sabe
el espíritu que ondea
al vuelo de la PALOMA
que de la Marisma es REINA:
¡LA VIRGEN -SOLO LA VIRGEN-
LA VIRGEN, SIEMPRE ALMONTEÑA,
LA QUE VIVE EN EL ROCÍO,
LA MADRE DE DIOS Y NUESTRA!


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