Nos hemos preguntado
muchas veces, ¿porque permanecen las Parroquias, Iglesias, capillas
y Templos de nuestra ciudad -cerradas la mayor parte del día- en
Sevilla? Parroquias, capillas y templos que en su mayoría cobijan un
legado de historia, belleza, arte y arquitectura, digna de estar
expuesta al público en horario habitual. Y se lo han preguntado
también los turistas, que admirados de nuestra ciudad, ávidos por
fotografiar hasta el tradicional paseo de calesas o coches de
caballos, se preguntan incomprensiblemente que hacen los Templos
cerrados cuando se encuentran con sus puertas de bruces. Las
hermandades y cofradías de Sevilla, bajo el patrocinio de su
Archidiócesis a través de las Diputaciones de Caridad, podrían
crear mas de 100 Puestos de Trabajos, directos e indirectos (de
momento sin contar con la colaboración de los poderes públicos,
Ayuntamiento y Junta, porque ya sabemos lo que significa el figureo
político y lo que vende una foto). En principio la idea estaría
centrada en un perfil concreto: Desempleados en riesgo de exclusión
social, pertenecientes a la nómina de la hermandad o cofradía que
contrata, osea, requisito “sine cuane”: Ser hermano. En esto
confiamos plenamente en la honestidad y transparencia que se le
presupone a los responsables de Caridad y Asuntos Sociales de
nuestras corporaciones, como hombres de iglesia que son. Las labores
de los contratados se ceñirían estrictamente a mantener la
Parroquia, iglesia, capilla o templo ABIERTA en horario comercial,
facilitando los correspondientes folletos informativos sobre la
historia y obras de arte que atesora el recinto y lógicamente
velando por el orden, la compostura y el respeto que requiere un
lugar sagrado (labores de control-absténganse “seguratas
profesionales) También se establecería para dicho fin, la mesa
“petitoria” de recuerdos y souvenier, cuyos fondos de recaudación
“podrían” garantizar -con el extra de limosna por apertura- los
gastos del personal. En tiempos de crisis es cuando se debe agudizar
más el ingenio y no mirar tanto el hecho de pagar por entrar “en
la casa de Dios” (-por una limosna simbólica-) como el beneficio
de poder generar -gracias a Dios- un puesto de Trabajo por mantener
esta especie de museo itinerante de las bellas artes, como son los
Templos donde radican nuestras HhyCC, abiertos al público. El
precedente está más que justificado por el éxito que obtienen a
diario las Corporaciones que mantienen sus residencias canónicas
abiertas al público, valga el ejemplo de La Basílica Macarena; El
Gran Poder, los Gitanos, la capilla de los Marineros, el Rocío de
Triana. Otras hermandades, dan buena prueba de ello a través de
los servicios que les prestan sus respectivos capilleres contratados
para tal fin. El hecho es que dicha propuesta, podría llevarse a
efecto, sin grandes riesgos, contando con la buena fe y el esfuerzo
contrastado de los cofrades y diputaciones de Caridad referidas, por
varias y probadas razones tanto materiales como espirituales; entre
las que destacan, la oferta de obras de artes que atesoran nuestros
templos -como ya hemos significado-, la demanda de público que se dá
con sus puertas de bruces y sobre todo, la Caridad -que no es más
que el amor en la práctica- uno de los principales fundamentos de
nuestras HH yCC. Y no quiero dar más detalles que el que nos
pongamos TODOS manos a la obra. ¡SI SE PUEDE!
lunes, 17 de junio de 2013
domingo, 2 de junio de 2013
El Santo del "bollicao"
Seguro que han entrado en el Santuario de Ntro. Padre Jesús de la Salud y María Stma. de las Angustias (Hdad. de los Gitanos) y que han reparado en la imagen del Beato Ceferino Gimenez, "el Pele", tallada en cedro y policromada, por el escultor imaginero, Darío Fernández en el año 2000. Pues bien, esta expresiva imagen, representa al primer hombre de raza gitana, que subió a los altares de la mano del recordado Santo Padre, Juan Pablo II, que comparte con él la beatitud. Para dicha efeméride, la Hermandad de los Gitanos, sacó en procesión a Ntro. Padre Jesús de la Salud, para que presidiera en su paso, el pontifical celebrado en la Santa Iglesia Catedral, el 10 de Marzo de 1.997, ocupando la sagrada cátedra su Eminencia fray Carlos Amigo Vallejo, nuestro querido Cardenal emérito..
¿Qué no lo conocen?...pues les invito a que lo hagan, para observar el detalle curioso del "bollo" que blande el pupilo del santo, porque es un homenaje a la merienda gloriosa que nutrió a los niños de la postguerra e incluso llegó intacta a los años´60, haciendo las delicias del paladar de la generación del que suscribe. Bendito sea ese bollo con sus dos onzas de chocolate inmersas en la migazón y su honónimo "pan con aceite y azúcar", precursores del "donde va a parar" empalagoso, "donut" y "Bollicao", actuales.
Quien sabe, si, cuando se queda el Santuario a solas, en la penumbra del templo, no se sientan en corrillo, allí, junto a la nave del evangelio, las ánimas benditas de tantos gitanos y payos a degustar el exquisito bocado que suministra el beato Ceferino... desde luego, tiene toda la pinta del trozo que le falta al bollo que muestra el niño de la imagen: ¿curioso, no?
viernes, 31 de mayo de 2013
El Sacramento de la Caridad
Que en Sevilla la luz es
diferente, da buena muestra la fotografía que pierde pié por
retratarla, extrayendo matices infinitos a lo que se supone que está
eternamente dispuesto para ser contemplado. El tiempo sin tiempo que
soñaban los poetas, el tiempo de la mirada siempre párvula, tiene
una luz en Sevilla, que vuelve loco a los artistas. La mañana del
corpus, llega precedida de su cita legendaria, reluciente más que el
sol y ni pintada, por los pinceles de Velazquez y Murillo. El sabor y
el olor, se estrenan con la capacidad de asombro de un niño y la
belleza, llama la atención, pisando la alfombra mágica del verde
romero y la juncia. Aunque no es oro todo lo que reluce, Sevilla
juega con sus luces y sus sombras, descomponiendo la decadencia en el
mágico caleidoscopio de las artes y haciendo que la tradición
resurja con los bríos de sus costumbres ancestrales. La procesión
del Corpus, comienza a desfilar con sus mejores galas; pero el primer
paso que nos presenta, es el de la Madre, más Madre que Santa, más
monja que beata, a la que Sevilla sigue venerando como Sor Angela.
Como no podía ser menos , la luz se inunda de luz, antes de lucir y
relucir más que el sol. La Madre de los pobres, enciende la llama
de la Fe, como abanderada de la encarnizada crisis por la que
atravesamos, Mujer Santa, sevillana de Dios, custodia del Santo
Sacramento de la Caridad -hermana mayor de los pobres, se erige en su
paso exornado por rosas próximas a San Juan de la Palma, vistiendo
la humildad de su sarga y estameña, con un sencilla rosario en sus
manos y el brevario devocional.
Al contemplarla, dime su existe más
modernidad en el tiempo sin tiempo, que su bendita imagen presidiendo
la solemnidad de una procesión que se pierde en la memoria de los
siglos. Ella viene predicando con el ejemplo siempre vivo de la
perfección de la caridad, que tras de sí, no es oro todo lo que
reluce, lo hace con la sonrisa maternal de quien huyó siempre de
toda vanidad y protagonismo; de quien escogió remangarse y arrastrar
sus alpargatas, para atender al Cristo desheredado, que mendiga por
las calles y yace en el lecho del dolor y la pobreza. No hay forma
más bonita de anunciar la luz en una ciudad que no se cree lo que
tiene, porque vive envuelta en la gracia y por eso necesita
retratarla en instantáneas que le permitan meter el dedo en la llaga
de la verdad. Nadie mejor que una madre, Madre Angelita, Sor Angela
de la Cruz, la Santa, tan nétamente sevillana, ante la que todos nos
damos por aludidos, representados, protegidos, amados, hermanados e
hijos, para enseñarnos el camino perfumado por el romero que nos
lleva hasta la majestuosa custodia de Arfe, donde Dios -Amor de los
Amores- está en cuerpo presente, recorriendo el rosario de todas y
cada una de las representaciones de gloria, penitencia y
sacramentales, elegantemente realzadas por la presencia de un cortejo
que se hace interminable, hasta que un Niño Dios de todas las
edades, nos deslumbra en su baldaquino de plata, con su adorable
figura montañesina, precediendo y prediciendo la consigna: “Alabado
sea Jesús Sacramentado” y a Sor Angela de la Cruz, Sevilla
agradecida.
sábado, 25 de mayo de 2013
Mi Reina, coronada
Yo
no sabía lo que era olor a nardos, hasta que besé tu pié impregnado de
su aroma. Entonces ver, era creer, porque la fe iba de la mano de una
madre y la mirada de niño, estaba
siempre de estreno. En el altar dorado, que hoy sé, que llaman de la
epístola, me enamoré de Tí -fúlgida estrella- apenas unos escalones, te
separaban de esta tierra, donde en el cielo te aman mejor. Tu mirada
entornada, dulce y misericordiosa, salía a mi auxilio,
vestida con la celeste y rosa indumentaria de los mejores días de esta
ciudad. Tu niño, juguetón -con cara de travieso- me abría sus brazos,
ofreciéndose como el mejor amigo. Ya nunca te olvidaría, aunque mi
curiosidad y la distracción propias de la edad, me
alejaran de Ti, llegaba mayo, para recordarme que mi ausencia no era
olvido y entonces bajabas del mismo cielo trinitario, por escala de
querubines salesianos, entre un tremolar de banderas y voces que te
aclamaban su Auxiliadora. Y así desde la ronda hasta
San Román, detrás de tus andas, confundiendo tu manto con el azul de la
primavera sevillana; enredado en los bucles de tu preciosa melena,
buscando el mimo de esa mano -grácil y amorosa- que marcaba con su cetro
el auxilio del Señor. Con el paso de los años,
la vida nos enseñó que perdiendo a los seres queridos, los
encontraríamos siempre alrededor de la gloria de tu paso, en la
procesión triunfal del último sábado de mayo, en la tarde apoteósica,
donde se siente bajo -la intersección de tu apacible mirada-, el
calor de aquella mano de madre, que asoma abrazada a la del costalero
que se aferra a tu zanco, la ilusión del hermano salesiano -con banda de
primera comunión- que tiene la misma cara de los escolares que integran
tu cortejo. Que hay siempre un sol, fundido
en tu cara de rosa, que contempla atardeceres malvas, donde los vencejos
ensayan los mejores recuerdos, columpiándose en los delirios del aire
que te roza, recuerdos que se serenan cuando las sombras del Valle,
devuelven un cielo turquesa que se funde con el
añil de tu manto y entonces, cuando el tiempo nos alcanza con la mirada
de niño que nunca perdió este hombre que te adora, las doce estrellas de
tu diadema cierran el ciclo de toda una vida que se estrecha para
abrazarte, en ese astro de tu Luz hecha calle.
Toda una letanías de balcones y altares en alabanza y gloria de tu
nombre, con un añejo y embriagador perfume que sale a nuestro Auxilio
como aquel inconfundible aroma a nardos.
jueves, 16 de mayo de 2013
POR LAS ARENAS
En la dimensión espiritual, allí donde el cuerpo no precisa cuidados
ni atenciones, la madre se habrá encontrado con la Paz de los que
sienten pero no padecen. Gozando de esa luz inmarcesible que concede la
ciencia infusa estos días previos a Pentecostés, se habrá fundido con el
esplendor de los campos, con la belleza pintoresca del camino perfumado
por la resina balsámica del eucaliptal y los pinos, mezclada entre la
gente –peregrina, caminante hacia las marismas azules. Ungida y exenta
por la gracia, reconocerá el reino de nuestras almas, donde el paráclito
en forma de blanca paloma gobierna con su cetro de paz y justicia,
señalando el camino, la verdad y la vida. Hecha rayo de luz difuminado
entre las ramas, lubricán del solano que alisa las arenas, cualquier
noche de “pará” tras el rosario vespertino y letanías, se habrá
encontrado con el Padre –su marido- el hombre al que tanto quiso en vida
y lloró con lágrimas de fiel esposa. Cogidos de la mano, sin nada que
explicar porque todo es don sabido por la lengua del fuego, cortarán esa
flor del romero que florece cuando duermen los vencejos. Como saben las
madres velar el sueño de sus hijos, como saben las madres, curar las
heridas con vendas sigilosas de suspiros; como saben las madres perdonar
como maestras del amor, las faltas –que por graves y mortales- merecen
mayor indulgencia, como saben las madres mantener encendido en la noche,
el simpecado y repujar con la luz de la luna la plata de la carreta,
donde descansa, vestido de pastorcito, el cordero. Mas allá donde los
hombres disimulan con ruido de cohetes, juerga y tambor, la llamada de
una fe desbordante, el espíritu se manifiesta, atando y desatando en
vida, los lazos que dejaron pendientes familiares y deudos. Cubierta por
el rocío de los ángeles y santos, la imagino cortando los lirios y
amapolas para ofrecerlos en su presentación. Doy fe que respiro su aura,
que siento su protección, como el calor de vela de promesa que ha
encendido para iluminar el resto de mis días. Incluso me atrevería a
expresar su santa voluntad por la fuerza inaudita que me inflinge en
estos momentos tan duros. Como sabe una madre permanecer al lado de sus
hijos, incluso en el fragor de su ausencia ireparable.
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