Hay una Virgen con cara de miel y ojos de almendras, una Virgen vestida de sol y Coronada de estrellas, una Virgen color del cielo cuando la puesta despeja el celeste jaspeado de rosa. Una Virgen recogida en el prendedor de su Áurea Majestad, que dirige su cetro a todos los que la invocan. Una Virgen que dispensa a porfía todas las flores de Mayo, que concita el fervor de los padre y madres, de los hijos de D. Bosco, de los cooperantes, misioneros, antiguos alumnos, talleres, colegios mayores, niñas y niños salesianos e impregna sus vidas con el perfume de su Auxilio y principal devoción.
Hay una Virgen Coronada en loor de multitud, donde Sevilla se hace Puerta de Jerez, en aclamación y flamear de banderas rosa y celeste. Una Virgen que huele a nardos de infancia y eterna juventud, una Virgen que baja del coro de los ángeles rodeada de querubines en la Gloria de la Trinidad Santa; una Virgen Purísima, Inmaculada, que baja su mirada ante el rubor de ver a tantos hijos, RENDIDOS a sus Plantas; una Virgen, fulgida estrella, que cada vez que se mira, es más bella, que las perlas que ocultan los mares; una Virgen que nos guía al puerto salvos y felices, que RUEGA por nosotros, que lleva al Niño en sus brazos y nos lo presenta con las manos abiertas del Dios más humano, de la misma naturaleza del Padre, por quién todo fue hecho; una Virgen consuelo en las horas de la lucha, que está siempre dispuesta, firmemente al socorro y Auxilio de los que imprecan sus gracias.
Hay una Virgen Gloriosa, que preside nuestra Vidas desde el altar Mayor de la Basílica a Ella consagrada. MARIA AUXILIADORA DE LOS CRISTIANOS, Triunfal y Coronada: Ruega por nosotros.



















