NO
Parece mrentira, SEÑOR, que el hombre pierda la conciencia y celebre su potencial bélico, alardeando de las fuerzas y armas de destrucción masiva, de todas una nación, saltándose las reglas del derecho y los valores humanos, por mucha razón que lo ampare, más allá de su prepotencia y egocentrismo. Con una sangre fría, que estremece a sus propios compatriotas y una frivolidad que lo reviste del más despiadado de los bárbaros, se permite atacar a su antojo, sin importarle la más mínima de las consecuencias. Las ansias de poder, no es suficiente, SEÑOR, hay que destruir, sin miras, a la población civil, a los niños, que siempre son inocentes, a las ciudades y edificios, ya sean del siglo que sean o patrimonio de la humanidad. Y el que no este de acuerdo conmigo, sea del país o ideologia que sea, está contra mi. Y por ello, me permito amenazar con todo tipo de artimañas políticas. Lo peor es el miedo, el pánico que está sembrando en el mundo de los derechos y libertades, lo peor es jactarse de su liderazgo, que no es más que la cerrazón de un dictador sin el menor escrúpulo. Mirándote, SEÑOR, se ve una vez más el misterio de esa Cruz que cargas, por todos nosotros, también se ve, en tus manos maestras, como la acaricias, con cuanto AMOR, la soportas, dispuesto a dar por esa Cruz, hasta la misma Vida, por la salvación de todos nosotros. Por tantas víctimas INOCENTES, que son asesinadas colateralmente a consecuencia de esta nueva Guerra, levantamos los ojos hacia Ti, SEÑOR, que eres la fuente de la Divina Misericordia, ten Piedad de nosotros y del mundo entero. Amén.jueves, 5 de marzo de 2026
viernes, 26 de diciembre de 2025
LA ENVIDIA
Se acaba el curso, Señor, la ENVIDIA, sigue siendo, nuestra asignatura pendiente. No se trata solo de codiciar los bienes ajenos, antes bien, se trata de que mi vecino, mi amigo o mi hermano, NO, posea de ese bien, que ni siquiera YO, deseo para mí. Es decir, no quiero para mí, nada, o lo quiero todo, con tal de que mi prójimo, no lo disfrute. Realmente, SEÑOR, un sufrimiento digno de lástima o conmiseración, pero que se extiende desde el más ilustre hasta el más común de los humanos. La envidia, Señor, nos tentará desde la inocencia de nuestra más dulce infancia, hasta la adusta impertinencia de la vejez, porque la envidia se nutre de sus hermanas, la soberbia, la ira, la gula, la avaricia, la lujuria y la pereza de no reconocer que en el fondo podremos parecer en las prisiones del vicio que nos domina. Por la envidia, no perdonamos a nuestros semejantes, cuando estos comenten cualquier gesto que afecta a nuestro Amor propio, nuestro Ego, que no es más que nuestro falso yo, vivimos entonces para devolver la afrenta, no para aceptar la disculpa. No basta el perdón, a la Envidia solo le interesa, el momento, para aprovecharse de la debilidad o la humildad del interesado, para clavarle la puya del reproche, el dardo premeditado del rencor. La Envidia puede llegar a distraerse, pero nunca perdona. El envidioso, acepta la humildad, pero su humildad es tan falsa, que nunca olvida. Su Cara le delata, su rostro se encallece con la ira, se disfraza de falsa modestia. Por eso, cuando llegamos a Ti, SEÑOR DEL GRAN PODER, nuestra envidia huye despavorida, ante la Misericordia que desprende tu Bendita imagen. Contra nuestra envidia, Tú Santa Caridad, Señor. Ante Tus plantas, todo vicio se vuelve virtud. Todo gesto de miseria humana se convierte en templanza. Se derrumba el falso Ego, ante el omnipotente EGO SUM de Tu presencia. TU eres el Poder y la Gloria, Señor, ante TU eterna CARIDAD, yace la envidia.
EL SEÑOR, SANTA MISION, LOS VIERNES DEL SEÑOR, Hdad del GRAN PODER

