EL SEÑOR ES MI PASION, nada me falta

archivo Barcaiztegui
Las esquinas de Sevilla guardan un secreto que los niños esperan descubrir con tierna inocencia. Los ciriales con sus puntas de luz refulgentes atenuan la sana impaciencia. Ya viene el Señor sembrando su antiguo silencio sin imposiciones, el niño calla al verlo desde la atalaya de los hombros de su padre, estrena en su memoria un solemne respeto que apunta con su dedo índice hacia la venerada Imagen. Es Pasión -nada falta- sobre un mar arbolado de cabezas se desliza en su tabla de salvación fragante de claveles. Viene despacio en su infinita misericordia, pero esta vez no pasa ni tampaco se vá, sino que vuelve para quedarse donde siempre habitó en sagrario de plata. Los años no son nada cuando el tiempo regresa al Salvador subiendo por la rampa y los niños descubren tras el juego de sus carreras, el secreto de ser embajadores sin saberlo del Dios de la madera. El Señor es mi PASION, nada me falta-

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