martes, 25 de marzo de 2008

EL NAZARENO VENÍA









El Nazareno venía Como el Señor por su casa
 Calle Castilla de frente Mira si Castilla es ancha
 Que se estrechaba a su paso Y enmudecía ante sus plantas.
 La tarde tenía un sabor De añeja dorada estampa
 El cielo se confundía Con el raso de los malva
Capirotes alargados De las túnicas románticas.

El Nazareno venía Con el Sol a sus espaldas
 Hecho marea de plumeros Tras esa Cruz ochavada
 Bendición de sus cornetas Llorando carey y plata
Melodías de la O Que le saltaban las lágrimas
 Al mismo compás flamenco De los duendes de “lacava”.

En llegando al Altozano Donde el brujo de Triana
Llora sus melancolías Mirando la maestranza
Se abrió su pecho de bronce Corazón de la Giralda
Para volverse ante Cristo Montera en mano de fragua
Y brindarle la faena De tantas tardes soñadas.
Tarde de gloria, mi Cristo El de la dulce mirada
El de los hombros vencidos Andando sobre las aguas
Del Guadalquivir reflejo De la corriente extasiada
 De los suspiros redondos Del primer puente de barcas
Que con oles contenidos Te retiene en sus barandas
 Porque sabes que no vuelves Y alarga tu sombra Santa…


 El Nazareno se aleja Serenamente en sus andas
Le espera Sevilla en vilo Pendiente de su elegancia
Se lleva un lujo de ocaso Y enciende brillo de acacias
 Siembra un compás de cadencia Suspiros por donde pasa
 Magestad en su Teología De saber como se anda
Sobre una alfombra de lirios Que no necesita palmas
 Ni cerradas ovaciones Ni saetas adaptadas
Ni otra emoción contenida Que no sea el ay –sin palabras-
 Que al ver a ese Nazareno Sale de dentro del Alma. .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

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