VIENE PARA QUEDARSE

Viene la “caló” para quedarse a vivir una temporaíta con su prima del alma. Hay que ver lo que se quieren estas dos primas de toda la vida y lo que disfrutan juntas. Sevilla la espera desde Mayo, todos los días, asomada al balcón de la calle Arenal, frente al mercado de entradores, donde sabe que paran los cosarios procedentes del maditerraneo. Estos últimos años ha estado un poco preocupada por la amenaza que el cambio climático pueda inflingir a su prima, pero en el fondo, no le cabe la menor duda de que la “caló” no le va a fallar y día más o menos después del cuarenta de Mayo, las dos se fundirán en el más caluroso de los abrazos. ¿Qué peligrosas las niñas cuando se juntan en el desván a cielo abierto de la azotea!, la Caló le hace señas a su padre Lorenzo y Sevilla se deslumbra jugando con el espejo de su gracia.Encienden las cornisas aljarafeñas y extienden sus reflejos desde la cúpula del Patrocinio al Altozano. Dichosas primas, como se divierten chapuleando con el agua de las fuentes para bañar a sus niños meones. “Niña, cada vez tardas más en llegar a tu tiempo y a veces apareces a destiempo a visitarme” -le dice Sevilla a su asfixiante prima- y la prima le responde que cada vez son más los “guiris” que la paran por el camino rogando los favores de su padre. Que ya el verano está quedando relegado para los nostálgicos; que ahora la entretienen en Navidad, Semana Santa y los dichosos puentes. Que está sufriendo los achaques de empatía, producidos por la proliferación de los “tropecientos mil” condensadores que saturan el medio ambiente; que el aire acondicionado de las consolas domésticas y el centralizado empresarial, le están causando verdaderos estragos. Ay mi niña -le abrasaba Sevilla- “con lo que nosotras hemos disfrutado jugando al escondé por las casas de vecinos, detrás de las cortinas de yute.” Anda, jodida -murmuraba la Caló- que no me quiero acordar, cuando tú te deshacías de mí bajo las velas de las estrecheces de Puente y Pellón y Sierpes y por las noches le ponías pañitos mojados por encima a las sandía y los melones del mercado de Triana. Bueno hablando de Triana -me voy a callar por que no quiero señalar a nadie- hay que ver como te dejabas caer por la orillita y del río y las barandillas del puente, para no perderte la velá ni el cuerpo serrano de los niños que trincaban el palo de la cucaña... bueno, pero y las noches ¿te puedes quejar de las noches con ese vendabal de tus abanicos golpeándome el pecho y la mareilla del puerto camaronero”...por no decierte el fresquito de los Cines de Verano y las amahacas a las puertas de la calle...Ay, sí hija, la verdad es que cada año que pasa nos hacen la vida más imposible, atí porque no te soportan ya ni en los trabajos y a mí porque quieren vestirme de un modernismo “progre” que me ha hecho envejecer más en treinta años que en todos los siglos de mi vetusta historia. Pero no nos pongamos nostálgicas, prima, entra e instálate otra temporadita, tenemos toda la calle para nosotras entre las doce y las veinte para ponernos frita en esta sartén de España y alegrarles la vida a muchos personas que se quedan en paz aquí.

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