domingo, 8 de marzo de 2009

CAIDO SE LE HA UN CLAVEL

No le pongas a la niña, Caridad ni Piedad, que son nombres con los que se sufre mucho y el sufrimiento no tiene fecha de caducidad. Es igual que su honónimo “sentimiento” que no pasa de moda, que sólo se altera con la expresión de la belleza, según la luz que reciba.
. Ponle un adjetivo a la niña del arenal; un piropo, un epíteto, blanco y radiante como el sudario que se expande en su bendito regazo.
Esa niña tan joven; esa princesa de tul con carita de rosa, es imposible que abraze el cuerpo mustio de un hijo. No lo ves que no está muerto, que duerme el sueño de los justos, de los que alargan su diestra y señalan con el índice hacia el clavel de la vida.
No le cuentes a la niña otra pena que no sea la ilusión de tu mirada, tu dicha al contemplar que su excelso dolor es la Piedad de todas nuestras culpas.

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