domingo, 12 de abril de 2009

sensaciones

El alma se salía del cuerpo, atenta a la voz de lo que se manda. Una agradable sensación desplegaba las alas del espacio y el tiempo, para alcanzar su gloria. . Gloria que pedía costeros por parejos a tierra –muy poquito a poco- suspendiendo la vida con llamadas muy cortas. La luz impaciente no podía esperar más el abordaje en penumbra. Las sombras se alargaban como un beso en la tarde celosa del aire; no había más que ver para abarcarlo todo con los ojos, era preciso que escapara el alma por la radiante puerta de lo excelso. Y se hizo sensación incontestable de múltiples reflejos en el frontal de los portentos. Paso a paso, cartela a cartela, el alma fue como un farol de mano que alumbra unos varales y alarga el cimbreante candelabro de la fe, para que no rocen los muros la antigua canastilla. Sevilla de nuevo se incrustó el costal del alma, para aguantar el peso de tantas sensaciones.

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