miércoles, 15 de julio de 2009

"como Pedro por su casa"

Pedro por su casa hace lo más mínimo en el verano que lo trae por la calle de la Amargura. De lunes a viernes suena la alarma de su móvil a las 8,30 , se levanta de la cama apático, indispuesto, se afeita –cada dos o tres días- más que nada por no oir a su compañera. Enciende el primer cigarrillo mientras se viste, sin saber qué ponerse, ni cómo combinar, al final nunca acierta con la ropa, o por lo menos no se da cuenta de que llama la atención, son cosas de la elegancia. Pedro no es nada antes del desayuno, pero tiene que ser en un bar amplio y tranquilo, imprescindible aire acondicionado y confortable asiento. Esta temporada Pedro ha encontrado un Bar magnífico, tanto para celebrar la liturgia del desayuno, como para tapear por las noches cuando le place sentarse el la terraza. A Pedro, como es de pocas palabras, le gusta que los camareros le reconozcan –Buenos días- ¿descafeinado de máquina y media con aceite y York? –sí- inmediatamente busca el periódico, preferentemente ABC para leer al maestro Antonio Burgos y a su tocayo, García Barbeito, siempre muestra su satisfacción con un suspiro hondo, unas veces, más hondo que otras, según el gusto diario que le produzca lo que lee. Después ojea los titulares y se pregunta: ¿Cuándo terminará la cruzada contra Torrijos?, la verdad es que a Torrijos lo tiene también atravesado: Quién no tiene atravesado a Torrijos?, el progre más impopular de Sevilla, por méritos y deméritos propios. Mira con desdén las fotos del Alcalde “que nunca estuvo allí” y se acuerda de la familia de De Celis, el traidor fariseo que prometió la inmediata intervención en Santa Catalina (monumento a la vergüenza del arte más abandonado de la primera década del s.XXI) –qué culpa tendrá la familia de Gómez de Celis, ¿pero alguien tendrá la culpa? Dice Pedro con rabia contenida. Después del cigarrito de después del desayuno (uno de los placeres del tedio, comparable al de después del café de media tarde y únicamente superado por el genuino placer del cigarro de después de…), Pedro se dirige a su trabajo, donde realmente se encuentra como Pedro por su casa, porque –si es verdad que allí hecha más horas que la escarpia de un almanaque- también es más cierto, que hace lo que más le gusta en esta vida; atender al público sentado cómodamente frente a la pantalla del ciber control, navegando por internet, visitando foros y leyendo a sus blogueros favoritos de inverosímiles apodos: rascaviejas, bocoys, sevillanadas, , entorno liberto, teoría del caos, aguaó,, desde la cava, renacimiento, la verdad está ahí fuera…y es que no hay ganas de más; meterse en la cocina es un suplicio, nunca mejor dicho, entrar en las calderas de Pedro Gotero… sólo le apetece, gazpacho bien fresquito, pasta aliñada, ensalada, tajadita de melón o de sandía y…la siesta sublime enriquecida y garantizada por el aire acondicionado a discreción. Pedro no pide más…aunque estaría dispuesto a hacer un esfuerzo si le acompañara en la cama la “morenaza” que presenta –ay- ¿cómo se llama aquello?

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