miércoles, 23 de septiembre de 2009

Delirium tremens

Manolita “la fantástica” había quedado con Francisco de Asís “el amanerado” (una parejita de cuidado), “la fantástica” con su porte de pija relamida, esbelta, disimulando siempre con el móvil en la oreja desfilando de un extremo a otro del escaparate. Francisco de Asís la vió desde la acera de enfrente, le regaló una sonrisa de saludo y cuando los vehículos que cruzaban se lo permitieron, se dirigió hacia “la fantástica” con su habitual passe de modelo. Habian quedado para ver la procesión (que otra cosa mejor podían hacer unos capillitas en un domingo por la tarde). La “fantástica”y el “amanerado”se besaron en ambas mejillas respectivamente de la manera habitual, osea como la falsa moneda, al tiempo que se intercambiaban la sarta de halagos pertinentes como corresponde a dos buenas “marujas” cortesanas: “qué guapa estás; que te has hecho en el pelo; oye, como te sienta esa blusa…tu también vienes muy elegante…si lo llego a saber no me pongo las manoletinas…niña, ¡que calor!..¡como está el tráfico!...pues fijate qué…ay, no me digas…¡qué fuerte!...¡no!...¡cuéntame!. Estaba claro que a “la fantástica”, no le iba mucho el rollo de ver procesiones (en el sentido más espiritual e iconoclástico de la palabra), pero aquello de inmiscuirse en el ambiente y pasar revista al personal que acude a verlas, pendiente de las caras conocidas de los que forman los cortejos, le fascinaba y no cejaba –un momento- de inmortalizar con su cámara digital, toda la fauna de foreros, políticos, abrazavaras, figurones, consejeros, blogueros, clérigos y demás civiles y militares, cuyas caras les eran familiares: “Mira ese es fulanito el del partido…¿no lo conoces?...¡oy, mira tú, quien va ahí…pero si es el forero rojillo que dá tanta caña…a ese es que no lo puedo ni ver…¡espera, espera –qué fuerte- mira “setanito”…con lo que ha largao de la hermandad…verás mañana, cuando cuelgue las fotos en el foro…”. Por el contrario, Francisco de Asís, no obstante mostrar absoluta complicidad con las frivolidades de su amiga, saludando y sonriendo a diestro y siniestro, se preocupaba más por el aspecto espiritual, estético y costumbrista que le deparaba el ambiente. El "amanerado", era un esteta, un apasionado erudito que se jactaba de conocer la historia con fechas y siglos de las cofradías con especial interés en la advocación letífica que contemplaban en esos momentos: “Fíjate, Manoli- ya están ahí los ciriales, son del siglo XVI…adquiridos a la hermandad de…y no te pierdas el estilo del paso ¡valiossissimo!..estilo rocalla…y qué maravilla de monte…¡qué colorido de flores del campo!..mira, mira…esos limones, esa fruta del tiempo…¿te has fijado en el detalle del pajarillo y la abeja?...¡pa comérsela!. Después de la emoción del momento, con el paso en la calle a los sones del himno nacional bajo la intensa petalada, Manolita “la fantástica” se fijó –detalladamente- en la imagen Que con tanta pasión y conocimiento, le había descrito su amigo “el amanerado” (meritísima talla del s. XVII, serena y bellísima expresión aporcelanada, luciendo primitivas joyas de incalculable valor y dotada de una unción sagrada fuera de serie. Fue entonces cuando a “la fantástica” le traicionó el subsconciente, repitiendo en sus adentros, todo lo contrario que reflejaba en su rostro con encendida emoción: “¡Por Dios bendito, si con esos coloretes, tiene toa la cara de Heidi!

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