Tres cuartos al Pregonero



Como cada año, suelo dar mi opinión acerca de la persona designada por el CGHHCC, para pronunciar el pregón de la Semana Santa. Tal vez pueda ser debido a, que pienso poco lo que digo,  que voy a expresar lo que pienso: en primer lugar felicitar sinceramente a la persona designada en esta edición, D. Fernando Cano Romero, para a continuación desearle la mayor de la suerte, pues como “cofrade de Sevilla” –no digo ya, sevillano de nacimiento, creo que supone el mayor de los honores. (que se meta la mano en su pecho o la descanse sobre los evangelios, quienes –de cuantos escribimos y nos atrevemos a expresar lo que sentimos por y para la “vieja dama”, no nos gustaría alcanzar la cima, donde la esencia de la misma ciudad entera se sienta, para escucharte y ser escuchada). Pero como ocurre cada año, independientemente de los merecimientos y la personalidad del designado, siento la inquina de cuanto rodea a este desconcertante “mundillo de las cofradías”, derramarse por los rincones de esta ciudad de la falsa moral y el histrionismo. El ronroneo de los que. creyendo haberlo descubierto todo, se inventan ahora la mañana esplendorosa del Pregón, para dedicarse a visitar los Templos de los tradicionales besamanos, huyendo de las multitudes vespertinas, porque afirman –“sensiblemente contrariados”- que ya no creen, ni en el mero acto institucional del Pregón, ni mucho menos le apetece, escuchar –una vez más- la lotería del Pregonero. Me exaspera este tipo de cofrades del “ji-ji-ja-ja”- pseudo aprendices de sabios- maestros de las cortinas de humo, que luego se dedican a escribir o despotricar, en función de la ventaja que le dé el éxito o fracaso crítico del Pregonero. Claro que si el Pregonero, forma parte de su círculo, hermandad, tertulia o blog-facebook  favorito, la campaña a su favor será tan estrambótica como desproporcionada.  Pienso que en las últimas décadas, se ha producido un fenómeno indeseable de desprestigio y hasta difamación de un acto que en sí suscita la mayor expectación de vísperas y abre al mismo tiempo las puertas a esa gloria efímera que vivirá la ciudad del brazo de su novia la primavera. Es fácil acusar a los medios de comunicación, en estos tiempos, donde las redes sociales y el directo llega a meterse en nuestras vidas controlándolas como si de un “reality-show” se tratase. Así sabemos de ante mano que los futuribles pregoneros tienen nombres y apellidos, que forman parte de una lista que se va filtrando por tertulias y saraos, webs, blogs y el “gran hermano de Factbook”, hasta hacer pleno en las quinielas del capirote con aviesa intención, dejando en evidencia –el que debería ser factor sorpresa del órgano competente-. Lamentables circunstancias que se vienen sucediendo y dejan en un segundo plano a la persona designada oficialmente, quien con nervios y temple de acero (aunque lo desmienta en público), tiene que enfrentarse a todo tipo de comentarios. Algunos dirán que todo esto es bueno, que obedece a la libertad de expresión y los privilegios de la democracia, pero el asunto llega a peores, cuando se revisan los foros de opinión y se utilizan las malas artes del lenguaje soez con toda clase de arbitrariedades y descalificaciones. Mi opinión personal y resumiendo, es la de que siento verdadera vergüenza ajena, tanto de los enteradillos que esperan agazapados los acontecimientos, como de los detractores a ultranza, que no dan ni siquiera el beneficio a la espera; a la escucha, a la vivencia en sí de tan emotivo acto y han perdido la ilusión para sembrar en ella el erial de la duda, duda siempre y cuando sea razonable y lo más razonable es pensar que D. Fernando Cano Romero, será el Pregonero esperado, que nos anuncie los días de la mayor gloria de Sevilla.  

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