domingo, 26 de agosto de 2012

Bienvenida, Doña Cecilia


Estimada Dña. Cecilia; No tengo el gusto de conocerla personalmente, pero ya que ha alcanzado Vd la fama por el procedimiento que ahora llaman “expres” -como el divorcio y el desahucio- tan en boga en estos tiempos, quisiera expresarle todo mi respeto, admiración, afecto y simpatía. Comprendo que se sienta desbordada, por la repercusión y el alcance mediático que ha obtenido su desafortunada intervención (pseudorestauradora) sobre la pintura mural del “Ecce Homo” ubicado en la iglesia parroquial de su querido pueblo de Borja, (al que nadie conocía y ahora se ha hecho a su par famoso). Comprendo y lamento al mismo tiempo, su crisis de ansiedad y la vergüenza que está padeciendo, al verse centro de atención; chivo expiatorio y objeto de todas las críticas. Sepa vd que una vez superada la fase de delirio tremendo, amparada en el chiste y la recreación que hace mofa de su impronta, estampada en pergaminos y camisetas, emulando los rostros más grotescos de la historia universal de la brocha gorda y el famoseo -internet es así, seguro que se lo han dicho y vd habrá tenido oportunidad de comprobarlo-, se dará cuenta del cariño y devoción, que ha cosechado, en comparación con el agravio moral y psicológico que ha supuesto para su persona, convertirse en la autora de tan involuntario como celebrado monigote. España es así, doña Cecilia, capaz de encumbrar al Villano y condenar al inocente, pero como vd comprenderá, con la sabiduría imponderable que le confieren sus más de ochenta años: “no hay mal que por bien no venga” y como apostilla el otro refrán: “a río revuelto, ganancia de pescadores” -Disfrute vd, mi querida abuela- permítanos que la llamemos cariñosamente así, con el mayor de los respetos, porque en eso se ha convertido vd., en la abuela de España; marca España con denominación de origen y no le quepa la menor duda, que vd ha hecho más por su pueblo, por el mero gesto de esa intervención desinteresada e involuntaria de restauración, que el más ilustre prócer de sus vecinos y por ello la deberían de proclamar por unanimidad, hija predilecta, para lo cual -ya están tardando-. Por consiguiente y al contrario del famoso Alcalde de la España más profunda de Berlanga, interpretado por el genial Pepe Isberg en el mítico: Bienvenido Mr. Marshal; vd., -como pintora que es- no precisa , dar la más mínima explicación en su defensa, sino asomarse al balcón de la Plaza de su Pueblo (desconocido hasta ahora y objeto de peregrinación y culto a la curiosidad más novelera) para corresponder a las innumerables muestras de cariño de fieles, que corean su nombre y aclaman su genuina creación, convertida en icono del arte más subrealista del momento. Aprovéchese, doña Cecilia de la situación, antes de que su derecho de autora -indiscutible- y por amor al arte, lo conviertan en lucro aquellos que tienen las malas artes de enriquecerse a costa de los demás. Porque, mi querida y admirada doña Cecilia, cuando los más prestigiosos restauradores del mundo, se disputan la intervención de su obra, algo tendrá de arte el agua cuando la bendicen.. o mejor dicho, de intereses. Que Dios la bendiga.


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