Vuelve El Amor, como el agua a regar los naranjos dormidos. El Amor interior, el
que es sabia ascendente y desboca en las ramas sus gajos perfumados. Vuelve El
Amor que a este Valle de Lágrimas prestó el auxilio dulce del maternal Socorro.
El Amor sin presunción, desnudo y entregado, ausente del Dolor, libre de
sufrimiento. Ese Amor que te empapa, te conmueve y dispersa, te eleva hasta el
Calvario de la infinita entrega. Vuelve El Amor y nos devuelve a todos a su
sitio, diestra del Padre, la nave del Divino Salvador donde lo descubrimos
andando a la deriva hasta alcanzar la viva llama de su Faro, norte de devoción,
sagrario del Socorro. No sabe el corazón, cuanta falta nos hace que vuelva en
esa noche de Amores encontrados su horizontal silueta bañada por la luna, entre
cirios tinieblas y brumas perfumadas, Cabeza portentosa sobre un mar de
costeros, el arbol de su Cruz navega hasta el buen puerto, su Amor quedó
enjugado en paño de Verónica, se agita con la brisa como un adiós sentido. La
calle que lo espera es Cuna consagrada, que tiene a la Giralda -testigo
enamorado- el pecho se le abre de besos y oraciones, parece que destila Amor por
su costado. Bulle la Plaza enchida de respeto y silencio, vestida con sus galas
de Domingo de Ramos, vuelve el Amor, ya sube la rampa se estremece ...un rachear
antiguo, anuncia que ha llegado.

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