SEÑOR, ¡Cuanto nos pesa hoy esa Cruz!, es un peso que no se puede expresar con palabras; es un Dolor, sin principio, ni fin, es una punzada repentina, una sacudida insospechada, un aldabonazo estrepitoso, que nos coge ab solutante desprevenidos como la onda expansiva de un temblor de tierra. Hoy la cruz nos ha hundido de plano, nos ha cogido de lleno, nos ha destrozado como el aliento de la desolación. Ateridos por el peso de la muerte, en estas horas fatídicas, en las que una vez masticada la tragedia, todos estamos sumidos en el Dolor. El peso de esta Cruz, es superior a nuestra fuerza, no hay cuerpo que resista semejante desazón. Ni siquiera, mirándote, Señor, tú que eres nuestro auxilio y consuelo, tú que eres, nuestro escudo y nuestra fortaleza, ni siquiera, postrados ante tu Gran Poder, somos capaces de sostener, el peso de este Dolor que nos apremia. Solo vemos en tu rostro, las caras de familias enteras, de mujeres, hombres y niños, de todos los credos y edades, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Nuestra fé, cogida con alfileres, es toda una vía dolorosa, que ha descarrilado en la fatalidad. Solo nos queda, rogar en caridad por las almas de nuestros hermanos, elevando la súplica, que en estos momentos no encuentra otro sentido que seguirte con tan inconcebible Cruz. Concédeles Señor el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua. D.E.P. Amén
lunes, 19 de enero de 2026
VIA DOLOROSA
SEÑOR, ¡Cuanto nos pesa hoy esa Cruz!, es un peso que no se puede expresar con palabras; es un Dolor, sin principio, ni fin, es una punzada repentina, una sacudida insospechada, un aldabonazo estrepitoso, que nos coge ab solutante desprevenidos como la onda expansiva de un temblor de tierra. Hoy la cruz nos ha hundido de plano, nos ha cogido de lleno, nos ha destrozado como el aliento de la desolación. Ateridos por el peso de la muerte, en estas horas fatídicas, en las que una vez masticada la tragedia, todos estamos sumidos en el Dolor. El peso de esta Cruz, es superior a nuestra fuerza, no hay cuerpo que resista semejante desazón. Ni siquiera, mirándote, Señor, tú que eres nuestro auxilio y consuelo, tú que eres, nuestro escudo y nuestra fortaleza, ni siquiera, postrados ante tu Gran Poder, somos capaces de sostener, el peso de este Dolor que nos apremia. Solo vemos en tu rostro, las caras de familias enteras, de mujeres, hombres y niños, de todos los credos y edades, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Nuestra fé, cogida con alfileres, es toda una vía dolorosa, que ha descarrilado en la fatalidad. Solo nos queda, rogar en caridad por las almas de nuestros hermanos, elevando la súplica, que en estos momentos no encuentra otro sentido que seguirte con tan inconcebible Cruz. Concédeles Señor el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua. D.E.P. Amén
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