lunes, 12 de marzo de 2007

ESTE AÑO NO SALE JUANITO...



Le fallan sus pies “cabos” a los que siempre ha dominado a los que de tanto arrastrarlos como alpargatas de buen costalero, le llegó su hora del relevo, ese relevo al que se resiste el alma cuando el cuerpo no puede tirar de ella. También está la diabetes que le hizo perder tanto peso a su parihuela osea: “no te preocupes Juanito, le decía su diputado del 8ª tramo del Cristo, cuando te tengas que pinchar me das el cirio, cuando quieras agua me la pides, yo tengo el movil de tu madre…tranquilo juanito”. Y Juanito, nazareno de túnica antigua heredada de su padre, se dejaba vestir por las manos de su maestro, su cuñado de toda la vida, el que le enseñó que para ir al huertos de los olivos más luminoso había que situarse frente al paso de Jesús de la Redención y ver como la espadaña azul-blanca del Getsemaní sevillano, se recortaba entre las cales imperiales de la calle Santiago. En su trabalenguas y con risa perenne de alma cándida me recordaba continuamente: “cuñao, no me he comío un bocadillo má gueno que aquel que nos comino dentro del Sinca esperando en el Prao que apareciera la cru de guía del Cerro er primé año que venía a la Catedrá…”Dando camballadas, juanito le echaba a sus piés más fuerza y mas casta que todos los costaleros juntos, siguiendo nuestros pasos de sabihondos incautos que nos volvíamos cuando se nos quedaba atrás para arengarle y darle ánimos cual capataces que velan por su buena gente: “Vamo, junanito, ¡ole! La gente buena…los que saben andar..vamo de frente mi arma..” y él reía y reía hasta troncharse con la sabiduría del que sabe reirse primero para hacer felices a los demás. Pero yo sé que este año, juanito tiene la pena recóndita que solo se reconoce después de contemplar tanta belleza gitana en el rostro moreno de su Virgen de las Angustias. La pena de saber que aún siendo capaz y capataz de aguantar un año más como el primero su estación de penitencia, ha llegado el momento de la retirada. Que su querido Cristo desea que dosifique su Salud y disfrute de la otra madrugada para que pueda ver en la calle todo su Gran Poder, degustar su primitivo Silencio y gozar con la Esperanza. Bendita sea tu discapacidad –juanito de mi alma- que hace que los soberbios se humillen ante tus virtudes y los que te conocemos de verdad nos sintamos realmente discapacitados frente a tu tenacidad y espíritu de lucha. Sé que cuando a la una de la madrugá marchen tu hermano y sobrino, costalero y nazareno respectivamente, hacia el Valle que tiene toda la esencia de San Román, sentirás ese nerviosismo que se refleja en la impavidez de tu rostro desencajado, atento, con la mirada perdida del que ha estado siempre pendiente de todos y que darías la vida por llegar de nuevo a la campana blandiendo ese cirio rojo, buscando la botellita de agua que te proporcionaban las primas en la desembocadura de Sierpes y dando esas “camballás” jubilosas como guerrero que llega a la meta de la amanecida y busca con avidez anhelante la presencia indesmallable de tu hermana y de tu madre para acercarte la medicina de un desayuno ligero que renovaba tus fuerzas insuflándote de estímulos para poder volver a acompañar al Dios moreno hacia el San Román que alumbró nuestros días.
Este año no sale Juanito, no por él, sino porque así lo quiso su Cristo de los Gitanos, el que sabe de Salud más que nadie.

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