martes, 16 de septiembre de 2008

CUENTOS DEL PUMAREJO, La Plaza





   Presidida por la monumental fachada del antiguo Palacio del Conde Pedro Pumarejo, en cuyo ilustre sitio y según reza la leyenda, conoció el Rey don Pedro a la hermosa Doña. María Coronel, quedando prendado de su belleza e iniciando un implacable acoso contra tan devota Dama, que culminó con el automartirio de Doña María Coronel, que prefirió inmolar su bello rostro con aceite hirviendo, antes de sucumbir a las andanzas de tan cruel como justiciero monarca, para ingresar posteriormente en el convento de Santa Inés, donde murió en olor de santidad. Se levanta la plaza, circundada por trece frondosos árboles que dotan a su espacio abierto de agradecida umbría. Me contaba uno de los feligreses leales de la plaza, que había una fuente, coronando la estética urbana en el centro de referencia, donde el personal, hacía uso y disfrute de la misma a su libre albedrío, lo mismo para combatir el sofocante calor hispalense, como para organizar improvisadas coladas de sus prendas más “íntimas”, todo ello sin el menor escrúpulo personal o mínima advertencia que exige el decoro. Hasta tal punto llegó esta escandalosa manifestación de libertinaje público; que los mismos vecinos, sensiblemente indignados por la magnitud que alcanzaban tales desmanes y ante la vergüenza de verlos, campear a sus anchas, como su madre los trajo al mundo, tendiendo al sol de la plaza: sostenes, bragas y calzoncillos….se movilizaron en forma de piquetes, y procedieron a la demolición de la fuente (por el procedimiento vecinal de matar al perro, para acabar con la rabia). En cuyo lugar expedito y al objeto de deshacer el entuerto, nuestro Excmo. Ayuntamiento colocó un juego de tres farolas fernandinas. Fragmento, escrito 1.997

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