viernes, 2 de marzo de 2007

PRIMER VIERNES DE MARZO




Solo el Señor podía volverse entre la muchedumbre para averiguar la mano angustiada que se abría paso para rozar sus vestiduras. Vete mujer tu fe te ha salvado, la fe única, primitiva y maestra que hoy trinan las aves de Sevilla columpiando en el aire la luz que nos lleva a las plantas de Jesús Nazareno, el más dulce silencio de Sevilla. Vete mujer, tu fé te ha salvado, la fé que supiste enseñar sin plantearte una sola duda que no fuera seguir la ruta por la estrechez de Alhondiga, para caer cautiva y rescatada ante tu Señor de Medinacelli formando largas colas con una pena guardada en tu corazón y un beso de devoción en tus labios. Hoy es primer viernes de Cuaresma, el día que Sevilla extendió el Gran Poder de su fe, desde San Lorenzo al Polígono, cruzando canales y vías, desbordando emociones añejas en los barrios, que descubrieron esa luz que solo es capaz de nacer bajo un mismo cielo. Ha llegado la hora del contacto directo, Dios de Dios, luz de luz, prendida en los naranjos dormidos de la tarde, he notado el calor de la mano maestra de una madre al besar tus pies desnudos, solo Tu, podías ser, Señor Cautivo el que me reconociera entre la muchedumbre.

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