lunes, 3 de marzo de 2008

DIECIOCHO CIRIALES

Dieciocho ciriales preceden la hora de la verdad, sólo siete personas alrededor del Amor que parece abandonarnos. La palabra que congregó multitudes en la montaña, se queda al pié de la Cruz rodeada de sus íntimos. No todos llegaron a ser sus mejores amigos, ni siquiera sus más fervientes seguidores; pero ahí está su Madre ¿qué otra divinidad podría servirle mejor de regazo? Y los santos varones que no tuvieron la valentía de reconocerlo en público, pero sí la dignidad de darle acogida en su cristiana sepultura. Y estan las marías que no dejaron de llorar como El les había dicho, por todas las mujeres del mundo que padecen la violencia de género y por todos los hijos, hasta que le leño seco reverdezca con su caudal de lágrimas. A la hora de la verdad, cuando parece que el Amor nos abandona al infortunio y la vida te atrapa entre las rejas de los dieciocho ciriales que preceden a lo que llamamos muerte, cuando todos huyen te sientes abandonado, aparecerá el precioso Amigo, sí ese que no esperó a que lo necesitaras porque siempre estuvo ahí, como el Discípulo Amado, señalándote el camino y acompañando tu Amargura. Cuanta ignorancia la nuestra, al no reconocer el Amor callado de los que rezan por nosotros entre el bullicio de tanta adulación y con qué sabiduría se abre hueco entre los vacuos prejuicios, el llanto reparador de María Magdalena arrodillada ante el calvario que florece de iris con el contacto de su unción. Nos necesitamos más de lo que nos queremos, por eso hay que querernos más de lo que nos necesitamos. No estamos sólos, aunque suframos el tremendo dolor de ver a nuestros seres amados, presa del infortunio. Dieciocho ciriales preceden la calma tras la tormenta que asoló la mala hora de la verdad. Sólo siete personas alrededor del Amor que se abre paso entre las perfumadas tinieblas de Busto Tavera, quien crea que está solo, que venga allá y lo vea.

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