Por un BETIS, ¿QUÉ...?

No –Betis- no, no tengo claro el sentido de la manifestación convocada para el próximo día 15 y menos para pedir o exigir un ¡Betis libre!...¿un Betis libre, para quien?...¿Para nosotros los béticos…para los béticos que se quedan con nosotros…para los que desean quedarse con tu glorioso nombre y hacer negocio?. ¡Venga ya, Betis, si tú eres más libre que el viento y has hecho siempre, lo que te ha dado la gana … Lo que te ha dado la gana –Betis- pero contando siempre con nosotros, veletas que nos movemos con tu viento o viento que mueve tu veleta, que igual dá –Betis- ¿A qué vamos a salir a la calle ahora a vociferar como la chusma, gritando –crucifixión- al mismo hombre al que idolatrábamos con el rezo esperpéntico de aquel:“lo que diga Diga, Don Manuel”..o a dejarnos embaucar por las arbitrariedades de políticos corruptos o entidades anónimas de dudosa procedencia, que aspiran a lucrarse bajo la consigna de un Betis libre?.- El Betis libre no se manifiesta ni se moviliza, por nada que no sea cuestión de sentimientos y con sus sentimientos no pueden jugar los intereses de unos cuantos. La indignidad que siente el beticismo, hace aún más digna su leyenda, la leyenda de unos colores que recorren el mundo entero libremente, mostrando la grandeza de un club que se crece ante las adversidades. Que nunca desciende porque prefiere morir de pié coreando su bendito nombre, que vivir de rodillas renegando su suerte. La libertad del Betis no debemos convertirla en clamor que va pidiendo justicia por las calles, el Betis por sí solo declara su destino, se hace culpable o inocente y cumple su propia condena con la satisfacción de salir fortalecido en todas las campañas. El Betis se expresa de otra forma, lo saben hasta nuestros propios vecinos de la eterna orilla, no le hace falta apelar al clamor de las miles de bufandas ni a la reivindicativa frase escrita en las pancartas. La fiesta las celebra el Betis desde lo más profundo de su corazón, dejando en evidencia, sin mediar palabras, a los jugadores mercenarios que trafican con su escudo. Lo mismo que corona con el sombrero de la gracia a cuantos se dejaron la piel en el campo, besando las trece barras de su centenaria historia. Por un Betis libre, morimos los béticos desde Heliópolis hasta la Palmera, pero sólo cuando se juegan los partidos como se jugaban en el viejo Villamarín. El mal del “mucho Betis”, fue olvidar la grandeza de su “manque pierda”. Rectificar es de sabios, esta afición lo es, por eso no tiene sentido reivindicar una libertad que, como el cariño verdadero, ni se compra ni se vende, simplemente por que el Betis, es cuestión de sentimientos y ningún máximo accionista, es digno de que se lo demostremos públicamente, tomando tan glorioso nombre en vano, para pedir su cabeza.

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