No, no es verdad, que el desapego, cure las heridas profundas; no es verdad que el retiro o la huida, ablande el corazón, por más que el tiempo se empeñe en el olvido; no es verdad que la distancia, ponga tierra suficiente de porr medio, ni la ausencia, ni la falta de entendimiento o voluntad, puedan saldar una cuenta de olvido, que no llega a cuadrar por años sin términos.
Maldita indiferencia que cree matar, muriendo por dentro, cuando sólo una palabra, un gesto, una mano tendida, unos brazos dispuestos, esperan con los ojos nublados de tristezas, el abrazo sincero que el Padre le ofrece al hijo pródigo. El perdón está siempre a favor del amor y la misericordia. El perdón es olvido, sanador poderoso, hospital curantivo que abre las puertas para redimir al cautivo del ego y abrirle las ventanas al que está encerrado en la atmósfera enviciada.
La sabiduría es el encuentro de la persona perdida, el reencuentro con el ser apresado en el miedo. La sabiduría es el cultivo del bien; la conciencia que sabe apuntar hacia la unidad, que es el todo. Todos somos Uno, a pesar de nuestras diferencias.
No hay culpa, ni pecado, que supere al perdón, no hay ferralla, ni mazo, suficiente para romper las cadenas que unen la familia que nos amó primero y va a estar siempre hasta el final del tránsito, porque la sangre, aunque no corra por las venas, siempre la bombea el corazón y allá donde te lleve el corazón, encontrarás la verdad.
De modo que nunca digas, No, que no es verdad tú aislamiento, ni cierta tu renuncia, ni el daño, fue tan grande, que la dicha que supone volver a retomar, juntos, el Sagrado camino del Amor.

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